ACEPTA LA BUENA NOTICIA
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2026-11-08 03:00:00
Entonces os dije: Habéis llegado al monte del amorreo, el cual Jehová nuestro Dios nos da.
Deuteronomio 1:20
Todo cristiano debe estar preparado para escuchar la Buena Noticia. Sin embargo, muchos se dejan influenciar por las palabras del diablo y, por eso, pierden la bendición cuando están a punto de alcanzarla. Algunos se enfurecen por esa pérdida y llegan a decir que no entienden al Señor. Ahora bien, el Altísimo es poderoso para cumplir Sus promesas, pero somos nosotros quienes no nos esforzamos por recibir la herencia de Abraham (Romanos 4:13-17). ¡Escuche, asuma y agradezca!
Cuando Moisés anunció que habían llegado a la región montañosa de los amorreos, quienes vivían dominados por pensamientos negativos, como suele suceder con los religiosos, probablemente se desesperaron ante aquel desafío. Si un cobarde dirige al pueblo, nadie saldrá de casa, ni siquiera para buscar trabajo y prosperar. Quien vive dominado por el miedo tiene un demonio que lo oprime y lo aleja de los demás. ¡Ore por esa persona!
El semblante de una persona revela si sintió miedo al escuchar algo. Aunque intente ocultar esa emoción, su rostro no miente. Atemorizados, los jefes de las tribus le pidieron a Moisés que consultara al Señor sobre la conveniencia de enviar espías (Deuteronomio 1:22-23). En realidad, querían ganar tiempo, pues, como ya se habían acostumbrado a vivir en el desierto, preferían permanecer allí antes que enfrentarse a los amorreos para conquistar la tierra.
Moisés accedió a su petición y fue a consultar al Señor. Sin embargo, ellos deberían haberse reunido para orar, alabar al Todopoderoso y esperar que Él les concediera todo aquello que sus mentes atemorizadas deseaban. Antes de preguntarle cualquier cosa a Dios, debemos orar. Jamás podemos decirle a Dios lo que debe hacer. Siendo omnisciente, Él no necesita recibir sugerencias de los mortales (Isaías 55:8-9). ¡Vele y ore para no caer en tentación!
Los israelitas estaban al pie de las montañas donde habitaban los amorreos. Por lo tanto, pronto poseerían las tierras prometidas a Abraham, después a Isaac y, finalmente, a Jacob. Dios no cambiaría ni una sola palabra de lo que había prometido, y ellos no tendrían que luchar ni matar, ni tampoco ver morir a ninguno de los suyos. Como la obra era del Señor, habitarían la región que conquistarían. El pueblo de Dios tenía que ser valiente, ¡y los acontecimientos posteriores confirman esta verdad!
Nunca se deje dominar por el miedo, porque, si lo permite, este gobernará su vida y sus propósitos. Cierta vez, mientras una fuerte tormenta azotaba el mar de Galilea, Jesús caminó sobre las aguas con la intención de pasar de largo ante Sus discípulos (San Marcos 6:45-52). Al verlo caminar sobre el mar, ellos gritaron aterrorizados, pensando que era un fantasma. Pero el Maestro les dijo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! (San Marcos 6:50b). Sin embargo, ellos continuaron asustados, y entonces Cristo subió a la barca.
Cuando Él subió a la barca, la tormenta cesó. Ellos hicieron que cambiara de propósito y, de ese modo, nos privaron de la lección que el Señor quería enseñarles con aquella actitud. No es fácil estar a punto de recibir una revelación y perderse por completo entre la duda y el miedo. ¡Deje que el Señor le dé las enseñanzas que ha preparado para usted!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Dios de nuestra vida y nuestra misión! El enemigo nos engaña, llevándonos a hacer todo lo que Te desagrada, para que, de ese modo, nos alejemos de Tu presencia. ¡Eso nunca puede suceder! ¡Clamamos por poder y misericordia, para poder vivir ante Ti en amor y gracia!
Muchas veces, nos acercamos a Tu bendición y no nos damos cuenta de que el diablo intenta sembrar el miedo en nosotros. Entonces, nos asustamos ante esas amenazas y dejamos de seguirte. ¡Que nada más perjudique nuestra comunión Contigo!
Ayúdanos, Padre, a vivir lo mejor que el hombre puede obtener de Ti, mientras tengamos garantizada la morada en Ti. No aceptamos perder la fe ni siquiera la salvación que nos has dado en Cristo Jesús. ¡Te damos gracias por protegernos de tropezar y caer!
