ALEGRÍA CONSTANTE

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2026-02-07 03:00:00

Se alegrará el monte Sión, se gozarán las hijas de Judá por tus juicios.


Salmo 48.11

El Monte Sión representa la Iglesia de Jesús y el lugar elegido por David para construir su fortaleza. David partía del monte para proteger a Israel de los invasores y siempre regresaba a su pueblo con una nueva victoria contra el ataque enemigo. La Iglesia del Señor tiene esta misión: jamás ser derrotada. ¡Tenemos el poder de defender a nuestros hermanos y proclamar que hemos vencido al mal!

Alegrarse en el Monte Sión no significaba contar historias chistosas para hacer reír. Era importante que supieran que sus adversarios ya no podían hacer nada contra el pueblo de Dios. Todo cristiano es testigo de que el Señor nunca pierde una sola batalla. ¡Lo que les sucedió a los héroes del Antiguo Testamento sirve de modelo para todos los salvos!

Cada batalla en la que participaron los israelitas demostró que Dios estaba con ellos, y esto también debe suceder con nosotros. Quienes son atacados por el diablo deben acudir a la Iglesia de Cristo y, para la gloria de Dios, debemos estar bien preparados para darle al enemigo la lección que merece: la derrota. No podemos dejar al pueblo desamparado, porque eso sería contradecir la promesa de Jesús.

Cuando el Maestro dijo que los afligidos y oprimidos acudieran a Él, no fue para entretenerlos con falsas promesas ni para acusarlos de falta de fe. Ahora bien, si tenemos un mensaje del Señor para el pueblo, nuestra tarea es enseñar a los incrédulos que necesitan escuchar la Palabra de Dios para adquirir fe (Romanos 10.17) y ponerla en práctica.

Las hijas de Judá simbolizan las iglesias que se abrirán con la unción de Dios y acogerán las promesas del Altísimo. Entonces, veremos casas de oración por doquier. No podemos permitir que se conviertan en lugares de filosofía religiosa. Si sembramos las buenas semillas de las Escrituras, tendremos una gran cosecha. Debemos estar vigilantes, ¡porque el enemigo es un maestro en sembrar cizaña!

Los juicios del Señor son todas las declaraciones que Él hace acerca de nosotros, como decretos a nuestro favor. Las victorias de Cristo sobre las malas prácticas son juicios eternos. No vivimos el día en que el Salvador murió en Jerusalén, pero creemos que todo sufrimiento ya ha sido vencido en Él. Por lo tanto, cuando el mal surja en nuestras vidas, debemos rechazarlo.

Al vivir la realidad del Nuevo Testamento, veremos el monte Sión regocijándose y a las hijas de Judá gozosas por lo que el Todopoderoso ya ha declarado acerca de Su Iglesia. Vivamos la realidad de la salvación, pues la Biblia dice que es un don de Dios (Efesios 2.8), para que todo aquel que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna (S. Juan 3.16b).

 

En Cristo, con amor,

 

R. R. Soares

La Oración de Hoy

¡Dios eterno de amor! Cuando leemos en Tu Palabra que nos amaste tanto, nuestros corazones se sienten animados y listos para expulsar de nuestro territorio todo espíritu de enfermedad o pecado que vino con la misión de matar, robar y destruir.

Anhelamos ver el Monte Sión regocijándose en la comprensión bíblica que Tu pueblo ha alcanzado al no doblegarse más ante la tentación. ¡No hay manera de que Satanás y su ejército maligno puedan vencernos, porque en Cristo Jesús somos libres!

Las hijas de Sión —cada congregación, cada hogar y cada persona salva— son testigos de Tus victorias sobre el reino de las tinieblas. El diablo ha sido despojado del dominio que tenía sobre Tu pueblo, y ahora podemos decir: «Gracias Padre, ¡porque hemos sido redimidos de la caída!»