ASESINO CONFESO
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2026-07-04 03:00:00
Al oír esto, Herodes dijo: —Éste es Juan, el que yo decapité, que ha resucitado de los muertos.
San Marcos 6:16
El rey Herodes, con la mente cauterizada por el pecado, cometía un error tras otro. Cuando nos rendimos a Jesús, comenzamos a tener Su mente (1 Corintios 2:16). La obra que nos lleva al nuevo nacimiento la realiza Aquel que sabe cómo restaurarnos, para que podamos cumplir Su voluntad en todo momento. Aun teniendo la mente de Cristo, necesitamos velar y orar para no caer en trampas. ¡Un cristiano jamás debe mentir para no transgredir!
Jesús nos enseñó a no decir mentiras, para que nuestra comunión con el Padre no se rompiera. Según el Maestro, nuestro hablar debe ser “Sí, sí” o “No, no” porque lo que es más de esto, de mal procede (S. Mateo 5:37). Si es sí, debemos confirmar; sin embargo, si es no, la salida honorable será decir no. Esto se puede aplicar a la vida diaria de un comerciante cristiano. Cuando se le pregunte por un proveedor, si no quiere revelar la fuente, ¡debe responder que no es posible facilitar el contacto!
Debemos ser sinceros. Incluso si se les hacen preguntas indiscretas sobre su intimidad conyugal, por ejemplo, no mientan ni respondan, sino que reprendan a la persona curiosa. Quienes hacen este tipo de preguntas carecen de discernimiento. Un cristiano jamás debe compartir asuntos privados que solo conciernen a la pareja. Nunca le den esta libertad a nadie; de lo contrario, ¡corren el riesgo de ser ridiculizados!
Herodes afirmó categóricamente: «Éste es Juan». ¿Cómo podría haber hablado así si Dios no le hubiera revelado esta información? De la misma manera, jamás debemos afirmar que el Creador nos ordenó decir algo. ¿Para qué inventar historias para obtener algo que no será bueno? Ninguna de nuestras invenciones tiene el poder de adoctrinar a quienes actúan mal. ¡Leamos la Biblia con mayor atención para discernir lo que es correcto!
Este desafortunado rey incluso añadió que había matado a Juan. Este hecho, por sí solo, lo haría merecedor del juicio. Sin duda, no se arrepintió. Sin esto, de nada sirve desear la felicidad del Cielo, pues quienes no se arrepienten no heredarán el Reino de Dios (Gálatas 5:21). En la primera Carta a los Corintios, Pablo enumeró diez grupos que irán al lago de fuego y azufre, precisamente porque nunca se arrepintieron de sus pecados (6:9-10).
Las iglesias proclaman la salvación a todos día y noche. Muchos no quieren perderse y, por lo tanto, se acercan a Dios, pues sus almas tiemblan ante lo que las Escrituras anuncian que sucederá en la segunda venida de Jesús a la Tierra. Esto no es alarmismo, sino la pura verdad para que todos se rediman antes del terrible Día del Señor. Cristo vendrá a llevarse a los salvos (1 Tesalonicenses 4:13-18).
La confesión del asombrado Herodes no lo librará del juicio eterno. Ahora bien, si hubiera escuchado a Juan el Bautista, habría pedido a Jesús que tuviera misericordia de él. Por medio de Pedro, el Señor dice: «Así que, arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de consuelo» (Hechos 3:19).
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Amado Señor! ¿Por qué hay personas que no se inclinan a escuchar Tus sabias palabras y caminan a pasos largos hacia la perdición? Ven a infundirnos el temor necesario ante Tus advertencias. ¡No queremos ver a nadie perderse para siempre!
Despierta a los nuevos Herodes que luchan contra la justicia y nunca reflexionan sobre el daño que se hacen a sí mismos y a los demás. No aceptamos que las personas de buen corazón se pierdan. ¡Anhelamos ver salvados a aquellos que aún encuentran placer en el pecado!
Te damos gracias por amarnos, dándonos la paz que sobrepasa todo entendimiento. No permitas que las ofertas de Satanás seduzcan a Tu pueblo. Que los perdidos estén dispuestos a escucharte y a tomar la decisión más importante de la vida: ¡servirte de verdad!
