AVERGONZADOS PEREZCAN
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2026-07-22 03:00:00
Sean avergonzados, perezcan los adversarios de mi alma; sean cubiertos de vergüenza y de confusión los que mi mal buscan.
Salmo 71:13
En tiempos de David, miles de enemigos lucharon contra él, pero todos perdieron la batalla ante el hijo menor de Isaí, quien poseía la unción de Dios. Incluso hoy, lo que importa es tener esa unción para vencer las fuerzas del mal que continuamente obran en nuestra contra. El Señor jamás nos abandonará. Él es nuestra protección. ¡Con Él, venceremos!
David oró para que todos sus adversarios fueran avergonzados y perecieran. Hoy, nuestra oración debe ser de acción de gracias por la promesa de que ningún mal nos sobrevendrá: «No te sobrevendrá mal ni plaga tocará tu morada, pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos» (Salmo 91:10-11).
Otras promesas de Dios garantizan que caminaremos con la cabeza en alto a pesar de todo el poder infernal que se levante contra nosotros, como la que el Señor le hizo a Josué: «Nadie podrá hacerte frente en todos los días de tu vida: como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré ni te desampararé. (Josué 1:5). Podemos confesar que, así como Dios estuvo con Jesús, estará con nosotros. ¡No debe haber temor en su corazón, solo victoria en Cristo!
¿Por qué dejar que el tentador le llene de temor, si el Espíritu Santo mora en usted? (Romanos 8:9). El que ama a Cristo tiene Sus mandamientos y los guarda, es amado por el Padre y el Hijo, y ve su manifestación (S. Juan 14:21). Crea y confiese que, en toda circunstancia, es más que vencedor (Romanos 8:37). El Salvador prometió que veríamos la gloria de Dios (S. Juan 11:40). ¡No hay derrota para el Señor!
No es el hombre quien busca su destrucción, sino el diablo (Efesios 6:12). Sin embargo, tenemos el poder de lo Alto a nuestro favor. Cuando somos bautizados con el Espíritu Santo, podemos ganar las batallas: «Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra» (Hechos 1:8). ¿Por qué temer, si estamos investidos de esta autoridad?
Cuando los setenta discípulos fueron enviados delante de Jesús a ciertas ciudades, recibieron poder para sanar a los enfermos y liberar a los cautivos. Al regresar para dar cuenta, le dijeron al Maestro que incluso los espíritus malignos se sometían a Su nombre (S. Lucas 10:17). Entonces Cristo les dijo: «Os doy potestad de pisotear serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.» (v. 19). ¡Crea!
No tenemos nada que perder, pues Jesús nos mandó ir por todo el mundo y predicar el Evangelio a toda criatura, y dijo que estaría con nosotros hasta el fin (S. Mateo 28:18-20). ¡Crea en el Señor y dé a conocer Su inmenso poder! ¡Haga la obra! El Señor ha cumplido Sus promesas, las cuales usted descubre y reclama al leer la Biblia.
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Padre de amor y fidelidad! ¿Por qué el mundo aún no está contemplando Tu poder y Tu gracia en la vida de millones de personas? No nos falta autoridad para predicar y ministrar Tu Evangelio al pueblo, pues, para ello, ¡tenemos Tu Espíritu!
Nada puede impedirnos cumplir la Gran Comisión. ¡Es urgente que nuestros hermanos en Cristo se dejen usar por Tu Espíritu, como ocurrió en los inicios de la Iglesia y ha sucedido en todos los lugares donde Tus hijos valientes predican la Verdad!
Queremos Tu dirección para ministrar sobre la unción de Tu Nombre en las reuniones de fe. Los enfermos serán sanados; los oprimidos, liberados y los que tienen hambre y sed de justicia recibirán la bendición completa. ¡Tú estás con nosotros ahora y para siempre!
