AY DE AQUEL QUE TOQUE AL UNGIDO DEL SEÑOR

COMPARTILHE

2013-02-05 03:00:00

Porque Jehová juzgará la causa de ellos, y despojará el alma de aquellos que los despojaren.

Proverbios 22:23

No es bueno tocar al ungido del Señor (Salmo 105:15; 1 Samuel 24:6,7). Ay de aquel que se atreve a tocar a alguien que haya recibido la unción divina, aunque, a los ojos del hombre, aquella persona sea  insignificante. Dios –nuestro Defensor– no hace nada fuera de su Palabra, aunque aquello parezca necesario. El Señor es varón valeroso y perfecto en las batallas, y, una vez habiéndose iniciado la guerra, no habrá treguas.

El error de muchos es no conocer los términos del pacto que el Señor firmó con su pueblo. Cuando Goliat, por sus dioses, maldijo a David (1 Samuel 17:43), el filisteo cavó su propia tumba, pues, en aquel momento, aun sin saber, puso el poder divino operando contra sí mismo. David, por conocer lo que el Todopoderoso había prometido a Abraham –y, por extensión, a sus herederos–, sonrió y gritó que, en aquel mismo día, Dios pondría aquel adversario en sus manos (v. 46).

El cristiano no es alguien que anda desprotegido. Por razones que aún no entendemos, hay casos en que, aparentemente, las personas que no temen a Dios obtienen éxito contra nosotros. Sin embargo, eso es sólo cuestión de tiempo; en breve el periodo de oportunidades de aquella persona pasará, y ella verá cómo el Señor ama y defiende a los que depositan su confianza en Él. Dios es y siempre será el Guardia de quien verdaderamente le sirve (Salmo 91 y 121).    

No obstante, para que probemos esa protección, tenemos que saber que el Señor nunca actuará fuera de lo que está registrado en su Palabra, aunque, algunas veces, juzguemos necesario que Él haga algo diferente. Mire, el Altísimo siempre respeta sus preceptos y espera que nosotros también lo respetemos. Además, Él no es injusto ni para con los malos, pero, cuando provocamos su ira y Él pasa a actuar, nadie y nada lo detiene. De este modo, tenga siempre manos y vestidos limpios (Eclesiastés 9:8).

Ay de aquel que intente hacer algún mal contra uno de los que creen en el Señor, aunque, humanamente, aquella persona sea tachada como insignificante. Dios prohíbe que toquen en sus profetas y que maltraten a sus ungidos. Quien actúe así descubrirá que cometió un error grave. Antes de quitar a Israel de Egipto, el Señor vengó a su pueblo, y Faraón vio lo que la ira divina puede hacer contra quien no respeta el pueblo santo.

No tenga miedo de obedecer al Señor. Nada, absolutamente nada, le sucederá por dar oídos a lo que Él dice. El demonio amenaza y, por increíble que parezca, hay quien lo respete, pero, si esa persona supiera lo que sufrirá en las manos del enemigo, jamás tendría desobedecido al Varón valeroso y perfecto en las batallas (Isaías 42:13).

Mire bien, Dios es tardío para la ira (Nahúm 1:3), pero, cuando se enfurece, no hay cómo detenerlo. Con el Señor en acción, nunca habrá treguas para el adversario, sino victoria completa. Él no deja de edificar la torre por falta de recursos, puesto que estos le son ilimitados. Así que, cuando usted entienda que algo es suyo y ora apropiándose de eso, el Señor Dios actuará en su vivir hasta la victoria total. ¡Asuma su posición en esta batalla!

En Cristo, con amor,

R. R. Soares

La Oración de Hoy