CUANDO EL HOMBRE DE DIOS TIEMBLA

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2012-07-18 03:00:00

Entonces Daniel, cuyo nombre era Beltsasar, quedó atónito casi una hora, y sus pensamientos lo turbaban. El rey habló y dijo: Beltsasar, no te turben ni el sueño ni su interpretación. Beltsasar respondió y dijo: Señor mío, el sueño sea para tus enemigos, y su interpretación para los que mal te quieren.

Daniel 4:19

Hay cosas que Dios anuncia que hacen temblar hasta a los que conocen su posición en Cristo. El profeta Daniel, al entender lo que fue revelado al rey Nabucodonosor, quedó atónito. Que los hijos del Altísimo se preparen, pues el Señor no jugó con aquello que puso en su Palabra: la humanidad se desesperará con lo que está programado para suceder antes del regreso de Jesús.

Cuando leemos acerca de los diez grupos que no heredarán el Reino de Dios (1 Corintios 6:9,10), eso nos hace pensar en lo que estamos haciendo para librar hasta a los hermanos que cayeron en ese error. El Día del Juicio será de dolor, sufrimiento y desespero para muchos. Un expresivo número de personas cree que Dios entenderá por qué ellas erraron y que Él no las condenará, pero ese pensamiento no pasa de puro engaño, pues ¡el juico será sin misericordia!    

Existen personas que también quedarán desesperadas al recibir la condenación por sus malos actos. Al ser separadas eternamente del Señor, nada más le podrá ser hecho. Entre ellas, hay muchos que son considerados siervos de Dios, los cuales, por una cuestión que creen que sea de menos importancia, se creen en el derecho de practicar lo que la Palabra prohíbe. Sin embargo, nosotros que sabemos de eso, ¿qué estamos haciendo ahora? ¿Qué hemos hecho por los parientes que aún no se convirtieron? ¿Hemos alcanzado a los que sólo piensan en las cosas materiales y desprecian a los avisos del Creador?

Mire, no está mal luchar para conseguir bienes materiales; el problema está en hacer de eso su religión. Aunque fuera con sacrificio, deberíamos buscarlos. Al aceptar a Jesucristo como Salvador, el manto de la salvación también fue extendido sobre ellos, pues las Escrituras declaran que usted y su casa servirán al Señor (Hechos 16:31).

Abra sus ojos y pase a hacer la voluntad divina en la misma proporción que usted recibió la dirección del Señor, pues a quien mucho sea dado mucho más le será pedido (Lucas 12:48). No podemos escatimar tiempo ni recursos financieros para llevar a quien sea al Evangelio. Será muy triste ver a uno de los nuestros –o aun a un extraño–, que podríamos haber llevado a la salvación, marchar hacia el abismo, del cual jamás saldrá.

Volviendo a lo que está programado para acontecer, acuérdese de que la Biblia anuncia tiempos difíciles para la humanidad. Las catástrofes aumentarán, guerras y rumores de guerras surgirán con más intensidad (Marcos 13:7), y, cuando todos piensen que el hombre alcanzó la tan soñada paz y que está seguro, sobrevendrá repentina destrucción (1 Tesalonicenses 5:3). Por lo tanto, no se aleje de lo que ha aprendido en la Palabra de Dios; así, usted estará apto para escapar de los males que vendrán sobre la humanidad.

En Cristo, con amor,

R. R. Soares

La Oración de Hoy