DILE AL PUEBLO
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2026-03-26 03:00:00
Dile al pueblo: Cuando paséis por el territorio de vuestros hermanos, los hijos de Esaú, que habitan en Seir, ellos tendrán miedo de vosotros; pero vosotros tened mucho cuidado.
Deuteronomio 2.4
Cuando la Palabra del Señor se envía a alguien, está investida de autoridad en relación con lo que revela u ordena. Así, el Cielo estará listo para actuar a favor de esa persona. Por mucho que el enemigo insista en hacerle renunciar a la misión recibida de Dios, sus pasos serán guiados por Él y tendrá éxito en la obra que le fue encomendada. Por otro lado, quien resista al mandamiento pagará un alto precio.
Durante los 40 años de peregrinación por el desierto —una especie de “escuela” divina—, la mano de Dios protegió al pueblo de Israel de todo mal (Deuteronomio 29.5). Quienes pertenecen al Señor y le sirven con temor no sienten las dificultades del calor del día ni del frío de la noche (Salmo 121.6), pues el amor del Padre los protege y los mantiene en un clima propicio. Las maravillas son tantas que nadie puede contarlas (Salmo 139.17-18).
El versículo en estudio establece claramente el mandato de Dios: al pasar por el territorio de Esaú, debían ser prudentes y cuidarse de evitar el mal. De esta manera, el Señor satisfaría sus necesidades. Solo serían atacados o enfermarían si desobedecían las instrucciones divinas y ansiaban la comida de Egipto. En una ocasión, insatisfechos con el maná, pidieron carne y comieron tanto que se enfermaron (Números 11.1-20ss). Si pecaban, tendrían sed, y esto sucedió. Por lo tanto, Moisés tuvo que sacar agua de la roca dos veces (Éxodo 17.5,6; Números 20.11). ¡El pecado hace daño!
Por otro lado, Dios siempre les dio el agua que necesitaban, y durante años no tuvieron sed. En el desierto no hay agua, salvo en pequeños oasis aquí y allí, pero el preciado líquido les fue proporcionado para saciar su sed: «No tuvieron sed cuando los llevó por los desiertos; les hizo brotar agua de la piedra; abrió la peña y corrieron las aguas.» (Isaías 48.21). Dios cuida y protege a Su pueblo dondequiera que sea llevado. El Señor es nuestro pan y nuestra bebida (S. Juan 6.55).
Esa generación de israelitas no entendía lo que les estaba sucediendo. No había agua en el desierto, pero Dios les dio a beber de Cristo, la Roca que los seguía. Por lo tanto, el agua que necesitaban los sació, aun sin saber cómo sucedió: «Y todos bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de la roca espiritual que los seguía. Esa roca era Cristo.» (1 Corintios 10.4). Al servir a Cristo, ¡Él obra en nosotros!
La orden era no perturbar a Esaú, pues el Altísimo proveía para Sus descendientes en Seir, que significa áspero o velludo (Deuteronomio 2.4-7). Dios advirtió que los hijos de Esaú tendrían miedo de los israelitas, y estos recibieron instrucciones de no tocar nada de ese pueblo. Eso hicieron, pero cuando el pueblo de Dios les pidió paso, fueron maltratados por ellos (Números 20.14-21).
Los israelitas debían ser cuidadosos y, por temor a Dios, prestar atención a Su advertencia. Todo lo que el Todopoderoso nos dice debe obedecerse sin cuestionarlo. Quienes lo desobedecen caen en transgresión y enfrentan problemas. ¡Cuídense!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Dios que nos ama y nos gobierna! Queremos conocer Tus instrucciones y seguirlas. Así, no le haremos daño a nadie. ¡Hemos sido llamados a predicar el Evangelio, para que las personas aprendan sobre Tu amor!
Los israelitas no podían perjudicar a sus hermanos, los hijos de Esaú. Ellos entendieron las razones de Tu orden y no provocaron a los habitantes de Seir; antes, se comportaron como Tú les dijiste.
Siempre pasamos por los términos de nuestros hermanos, pero no tocamos nada que les pertenezca. Somos respetados como el pueblo que camina contigo, porque lo que Tú has ordenado es ley para nosotros. ¡Necesitamos guardarnos para no salir nunca de Tu protección!
