ESCOJA DÓNDE SEMBRAR
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2010-06-17 03:00:00
Porque así dice Jehová a todo hombre de Judá y de Jerusalén: Arad campo para vosotros y no sembréis entre espinos.
Jeremías 4.3
Hay secretos para tener una buena cosecha: la semilla debe ser de buena calidad, la tierra tiene que ser preparada y hay que plantar en el momento adecuado. Además, es importante estudiar el suelo para saber lo que se puede cultivar en él.
Así como la agricultura tiene sus técnicas y el que no las observa deja de disfrutar la mejor cosecha, el que trata de trabajar para el Señor sin guardar las leyes divinas, probablemente no tendrá éxito. En la obra de Dios también deben observarse las reglas. Por lo tanto, el que la haga con indolencia no logrará tener éxito (Jeremías 48.10).
La Semilla de la mejor calidad es la Palabra de Dios (Lucas 8.11), que no sufre ningún tipo de corrupción, nunca vuelve vacía y hace lo que fue destinado por el Señor. Pero hay que escoger el “grano” para cada tipo de resultado que se desea obtener.
En la parábola del sembrador (San Mateo 13.1-23), el Maestro habló de tres tipos de terreno: los pedregales, entre los espinos y la tierra buena para plantar. Puede ser que el corazón que aún no está sembrado sea pedregoso o espinoso –marcado por sufrimientos, por traumas e incluso por decepciones con falsos siervos de Dios. Por eso hay que trabajar bien con este tipo de persona; después de todo, la Biblia dice que el hermano ofendido es más tenaz que una ciudad fuerte (Proverbios 18.19).
El buen labrador observa el tiempo de plantar, porque cada cultivo tiene su época adecuada para producir. Por ejemplo: el frijol y el tomate no necesitan mucha agua; en cambio, el arroz crece cuando se planta en un terreno bastante húmedo. Hay cultivos que se desarrollan mejor en verano y otros en invierno. Los especialistas en agricultura también estudian la composición del suelo para saber qué producto germinará mejor allí. Aun hoy, que existen recursos para abonarlo, los agricultores saben que es más lucrativo plantar la semilla apropiada en el suelo adecuado para ella.
La cosecha también tiene su ciencia. Hay un momento adecuado para recolectar la cosecha: si se hace antes, la semilla no estará madura; si se atrasa, habrá pérdidas. Igualmente, el que planta la buena Palabra tiene que entender el momento exacto de hacer que el no creyente tome la decisión de aceptar al Señor como Salvador y recibir Sus bendiciones. Nadie planta por plantar; el que siembra espera un buen rendimiento. Por eso, como dice el versículo, debemos arar campo para nosotros, y el que se dispone a obedecer al Señor debe tomarse este acto en serio.
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
