ESFORZARSE EN LA GRACIA
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2012-12-14 03:00:00
Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.
2 Timoteo 2:1
Con el pecado que Adán cometió, la naturaleza de Satanás entró en el mundo y pasó a reinar sobre todas las personas. Así que, solamente aquellas que se esforzaban mucho para cumplir todo lo que la Ley divina requería conseguían éxito en la vida espiritual. De este modo, los que se hacían siervos del Altísimo dejaban el dominio del diablo. Sin embargo, ninguno de ellos tenía acceso directo al Creador ni era completamente liberado de la opresión del enemigo (lea Hebreos 10:1-10).
Eso duró hasta que el Señor enviara la gracia al mundo, lo que sucedió con la venida de Jesús. El Hijo de Dios trajo la gracia y la verdad (Juan 1:17), y, al morir en el Calvario, aniquiló a aquel que tenía el poder de la muerte –Satanás–. A partir de entonces, todos aquellos que aceptaran su sacrificio, recibiéndolo como Salvador y Señor de sus vidas, serían liberados del imperio de las tinieblas y transportados para el reino de su amado Hijo (Colosenses 1:13).
Mediante la obra sacrificial en la cruz, la gracia de Dios comenzó a imperar, pero la Ley fue cumplida en su totalidad por nuestro Salvador. Hoy, para disfrutar de todo eso, basta que el ser humano decida recibir a Jesús como Señor de su vida y haga la voluntad de Dios, revelada por medio de la Palabra al corazón de cada uno. Quien así lo haga sale del cautiverio del diablo y pasa a ser un ciudadano libre en el Reino celestial.
La gracia es más que un favor inmerecido, es el mover del Dios santo y poderoso en beneficio de la humanidad. Quien la desprecia jamás consigue librarse del diablo; no obstante, quien la acepta experimenta el favor divino. El Altísimo actúa a fin de sanar, prosperar, liberar y salvar la persona que se rinde a Él y que cree en sus promesas. Él ya hizo todo para que vivamos en su presencia.
Pablo demuestra mucho cariño con relación al joven predicador Timoteo al llamarlo de hijo. Por haber alcanzado la gracia divina bajo su ministerio, Timoteo era como un heredero del apóstol. Al final, los que se acercan a Dios por nuestro intermedio pasan a ser participantes de la misma gracia que obtuvimos en nuestro llamado para que seamos participantes de la misma naturaleza y de las bendiciones del Señor.
Quien fue alcanzado por esta obra bendecida no debe dejar de progresar, sino esforzarse en la gracia. Aquellos que, después de la conversión, nada hacen para alcanzar nuevos niveles en la fe no llegarán a participar de todo aquello que el Dios eterno tiene para sus hijos. Lo que sucede en la vida natural se refleja en la espiritual. Nacemos como niños indefensos, pero con el potencial de llegar a ser adultos fuertes. Al esforzarnos, alcanzamos tal posición.
La gracia no está por el aire para que se la pueda agarrar en cualquier momento, sino en la persona de Cristo. Si lo recibimos como Salvador y lo mantenemos como tal, seremos participantes de la gracia de Dios y aprenderemos lo que las Escrituras dicen a nuestro respecto. Quien cumple lo que se le ordena tiene acceso al poder de Dios y, con eso, en Cristo, todo lo puede.
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
