HACIENDO CON LAS MANOS
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2026-02-28 03:00:00
El que robaba, no robe más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.
Efesios 4.28
Cuando las Escrituras hablan de nuestras manos, las interpretamos como las habilidades que el Creador nos da para realizar Su obra. Después de que Jesús envió a Sus discípulos delante de Él a las ciudades que debía visitar, y regresaron, el Señor les preguntó: «Cuando os envié sin bolsa, alforja ni calzado, ¿os faltó algo? Ellos dijeron: —Nada.» (S. Lucas 22.35). ¡El Salvador nos provee en todo!
Nada les faltará a quienes son llamados por Cristo y están preparados para llevar a cabo la obra de Dios en cualquier lugar, pues la capacidad de hablar la Palabra y realizar la obra supera cualquier dificultad que puedan tener. Somos personas adquiridas (1 S. Pedro 2.9) y usadas por Dios para ayudar a resolver los problemas de las personas. Por eso, el Padre nos concede más de lo que pensamos o pedimos (Efesios 3.20); simplemente debemos depositar toda nuestra ansiedad en Él (1 S. Pedro 5.7).
Algunas personas viven robando y creen que están haciendo la obra de Dios. No me refiero solo a quienes roban a la iglesia, cuyos recursos fueron dados para el mantenimiento de la obra, sino también a quienes usan los recursos que les fueron confiados para cumplir el Id de Jesús. Tal persona se ha vendido al diablo, como lo hizo Judas Iscariote (S. Juan 13.2). Otros, por ejemplo, le roban al gobierno porque viven de una pensión falsa, obtenida mediante engaño. Entiéndalo bien: ¡defraudar es robar!
En cuanto a los defraudadores, destacamos a quienes ceden a la ira cuando son perjudicados. Sin embargo, el daño causado a alguien o al gobierno también es robo. Las Escrituras revelan que los ladrones no heredarán el Reino de Dios (1 Corintios 6.10). A la luz de este mensaje, quienes roban cualquier cantidad de dinero o propiedad de alguien reciben una advertencia: las puertas del Cielo no se les abrirán. ¡Es hora de arrepentirse!
Debemos usar las habilidades que Dios nos ha dado para que hagamos el bien y nunca sigamos el ejemplo de los necios, que justifican sus acciones afirmando que no han hecho daño a nadie. El Altísimo nos advierte: «La mujer adúltera procede así: come, se limpia la boca» (Proverbios 30.20). Por lo general, el pecador intenta enmendar el error cometido y justificarse. ¡Cuidado!
Casi siempre, detrás de una quiebra, hubo alguien que sedujo al arruinado con palabras preparadas en el Infierno. Y, después de la pérdida sufrida, todavía hay personas que dicen no entender al Señor, pues alegan que no hicieron nada malo. La Palabra declara: «Porque la ramera pretende del hombre sólo un bocado de pan, pero la adúltera busca la vida del hombre.» (Proverbios 6.26). Nunca se deje llevar por el curso del mundo; ¡busque la guía de Dios en la Biblia!
Necesitamos buscar en el Libro Sagrado las enseñanzas sobre cómo alejarnos de los pecados que nos rodean y que nos alejan de la eternidad con Dios. Al comprender la Palabra, aliméntese de ella y guárdela en el corazón para que tenga algo que compartir con otras almas débiles que no tendrán garantizada su entrada al Reino del Señor si no se enderezan. Para algunos, este es el último mensaje del Padre Celestial. ¡Crea!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Dios de nuestra felicidad! No tenemos palabras para agradecerte la bendición de arrepentirnos y comenzar una vida con Tu Hijo. Por eso, confesamos nuestros pecados cometidos con acciones, palabras o pensamientos. ¡Perdónanos y líbranos del Infierno!
No queremos ir al Infierno, pero, como Zaqueo, decidimos devolver todo lo que hemos tomado de alguien, de la iglesia o del gobierno. ¡Ayúdanos a no aceptar jamás nada que no nos pertenezca!
Haz que sepamos usar nuestras manos para el bien, incluso si eso significa renunciar al lujo y la ostentación que nos avergüenzan, porque no nos pertenecen. Anhelamos ir a Tu Reino. Cámbianos y seremos transformados. Padre, ¡Te agradecemos por Tu perdón!
