HUYA DE LOS PELIGROS ETERNOS

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2026-03-01 03:00:00

Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.

Efesios 4.30

Las personas que han caído en pecado y son conscientes de ello necesitan conocer la oferta del Señor para que tomen la decisión correcta. Quienes se endurecen y no buscan la Palabra de Dios, en el último momento, verán que son responsables de su propia pérdida eterna. Cuidado con las excusas que el diablo usa para justificarse. Demuestran que usted está equivocado y que será juzgado según lo escrito en la Biblia.

Incluso los cristianos que han pasado por las etapas de la salvación saben que su entrada al Reino de los Cielos no estaba garantizada, porque, en las vicisitudes de la vida, cayeron en las tentaciones del reino del mal y ahora tienen que regresar al Señor. Este regreso ocurrirá mediante el reconocimiento del error, con la debida confesión. Deben reasumir su posición ante el Todopoderoso. Si usted se encuentra en esta situación, es mejor reconocer la caída, confesar la transgresión y aceptar el perdón del Padre (1 Juan 1.9). ¡Hágalo ahora!

No es vergonzoso admitir que ha pecado; después de todo, en el mundo espiritual, todo está al descubierto ante Dios, quien todo lo ve y todo lo sabe (Hebreos 4.13). Es evidente que, al caer, entristece el corazón del Padre; por lo tanto, reconozca su error y nunca intente aparentar bondad, porque sus iniquidades están registradas en el Cielo. Así dice el Señor: «El que oculta sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta de ellos alcanzará misericordia.» (Proverbios 28.13). ¡Abra su corazón a Dios!

Cuando comprendí que, si pecaba, debía confesar mi transgresión al Señor, y que si estaba casado y había cometido algún acto contrario a los votos matrimoniales —especialmente el voto de fidelidad jurado ante el ministro del Evangelio— tendría que decírselo a mi esposa, me dije mí mismo: «No haré nada que huela a adulterio». Sentí que no tendría valor para exponer mi falta; por eso, le pedí al Altísimo que nunca me permitiera ceder al mal.

El Espíritu Santo se entristece cuando nos inclinamos a la infidelidad, pero si no la practicamos, no necesitamos decir que hemos sido tentados. Ahora bien, si hemos cedido a la tentación, debemos revelar el pecado para ser perdonados; de lo contrario, la mancha permanecerá en nosotros. Lo correcto es evitar cometer iniquidad, quitando los ojos de las trampas que el diablo nos tiende. ¡Resista y viva!

¿Por qué entristecer al Espíritu Santo, quien es nuestro Guía? Él nos enseña la Palabra y nos guarda de caer en las garras del maligno. Si solo hay tentación, no estaremos obligados a confesarla. Sin embargo, quien ha traicionado a su cónyuge se ha colocado en la posición de adúltero; por lo tanto, no entrará en el Reino de los Cielos a menos que se arrepienta. ¡Vele!

Cuando Dios nos dio Su Espíritu y hablamos en lenguas, fuimos sellados para el Día de la Redención, pero si hemos pecado, debemos buscar a nuestra otra mitad y pedirle perdón. No deje que el pecado duerma en usted, sino deshágase de él a tiempo para evitar ser incluido entre quienes se encuentran en las diez tristes situaciones descritas en 1 Corintios 6.10.

 

En Cristo, con amor,

 

        R. R. Soares


La Oración de Hoy

¡Padre de santidad y amor! Ruego que quien ha caído en transgresión no guarde el pecado para sí, sino que Te lo revele a Ti y a quien traicionó u ofendió. Así, será perdonado. ¡Te amamos por Tu salvación!

Muchos han pecado, y cada vez que mienten, se hunden más en el error, lo que los llevará al inframundo infernal. Ayúdalos a liberarse del mal para que sean felices. ¡El diablo los llena de vergüenza para que no abandonen su error!

Fortalece a aquellos que tuvieron la desgracia de no velar, fueron inducidos a mentir y hoy se martirizan por el dolor de la vergüenza. No permitas que el enemigo los destruya, sino concédeles la valentía de implorar Tu perdón.