LA DIFERENCIA ENTRE EL NECIO Y EL SABIO
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2011-01-18 03:00:00
«El camino del necio es derecho en su opinión; mas el que obedece al consejo es sabio.» (Proverbios 12:15)
Es importante que se haga una pregunta: ¿será que existen necios en la familia de Dios? Eso es una verdadera paradoja, ¿verdad? Pero, ¡la respuesta es sí! Entre los llamados de Dios para ser sabios, hay muchos que prefieren caminar en el error que obedecer al Señor. No debería ser así, pues fueron llamados de las tinieblas –región espiritual donde el diablo tiene el dominio– para la admirable luz, donde el Altísimo cumple su voluntad (1 Pedro 2:9). Además, ser sabio en cualquier área de la vida es infinitamente mejor que ser necio y, tratándose de asuntos espirituales, es más ventajoso vivir en el Reino donde no hay error ni operación del mal.
¿Cómo se descubre un necio espiritual? Él no se interesa por conocer al Señor. Si la reunión es de enseñanza, da una excusa y no aparece; si surge una tentación, se deja llevar por ella y, allá se va el santurrón hacia el chiquero del pecado. Él nunca ora, no participa de las batallas que la Iglesia enfrenta, vive como si fuera de otro mundo y su placer está en las cosas de la carne.
El necio ve defecto en todo, excepto en sus propias acciones. Además, no piensa, ni por un segundo, que la manera como vive demuestra el por qué el Señor no opera en su vida. Ese individuo condena a los que cayeron en transgresión, pero cree que su caso es diferente. En la opinión del necio, todos los que se equivocan serán condenados, pero él será justificado. Él acepta la mentira del diablo que dice que Dios entiende su necesidad.
En su paciencia y amor, el Señor aconseja a todos sus hijos a que no anden por los caminos de la necedad, el cual es amplio y se compone de todo lo que el hombre crea para traer felicidad y entretenimiento a la sociedad. El necio tiene placer en pagar un precio carísimo para asistir a una obra teatral, pero no tiene satisfacción en gastar el mismo valor para comprar una Biblia y libros, a fin de ofrendarlos a los necesitados para que conozcan la Verdad. No se importa en gastar con futilidades, pero nunca invierte en la obra de Dios.
Lo que hace que una persona sea sabia es el hecho de dar oídos al consejo del Altísimo. Actuando así, ella tiene placer en decir no al pecado y a las ofrendas tentadoras del enemigo; en ser sobria y nunca envolverse en embustes. Quien toma ese tipo de decisión jamás se arrepiente de no haberse comprometido con el engaño. Si usted, estimado hermano, ya se entregó al error, sea cual sea, ¡arrepiéntase ahora y decida caminar en la verdad!
La prueba viene sobre todos, pero la persona que no tiene respeto por la Palabra de Dios sufrirá perjuicio. Aquél que la observa en todas sus decisiones, que no se dobla delante de ninguna propuesta inmoral, será recompensado.
En Cristo, con amor,
R.R. Soares
