LA IMPORTANCIA DE LOS PROFETAS
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2010-09-22 03:00:00
«Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.» (Amós 3:7).
¡Qué importancia Dios da a sus profetas! Él dice que no hará nada sin que antes revele lo que pretende a ellos. Pero, ¿por qué los profetas intentan hacer muchas cosas sin primero orar y poner el asunto para que el Señor dé la palabra final? ¿Sería por falta de fe; de información o, realmente, por desprecio? Todos los hijos de Dios aprenden a tener intimidad con el Altísimo (Salmo 25:14). Y es bueno que usted empiece pronto y, al tomar cualquier decisión, aunque sean consideradas simples, siempre converse primero con el Padre (Proverbios 14:12).
El ministerio del profeta es de suma importancia para la iglesia. Él no sólo oye de Dios y habla al pueblo, sino también, por medio de su vivir, predica la santidad o la falta de respeto a todos. Lo importante es que él sea siempre un representando de Dios. Quien no vigila lo que dice ni lo que hace es un pésimo testigo del Señor. Muchos, jamás, abrirán las Escrituras, pero, por medio de la vida de los que se santifican, serán informados acerca de ellas.
La responsabilidad del profeta es muy grande. Ella es mayor que la del médico de una comunidad, el cual tiene que celar por la salud del pueblo. El profeta arreglará cuentas de las almas de todos los que viven en sus días y que vivirán después de él. Obligatoriamente, él tiene que ser un vaso limpio, santo y lleno del aceite sagrado constantemente. Nunca debe estar desligado de Dios ni encontrarse contaminado por las cosas del mundo o por el pecado. Él fue llamado para ser el representante de los Cielos.
Su función le da el derecho de recibir los secretos del Señor, por eso, él debe estar listo con Dios para saber si lo que le fue revelado debe ser entregado, dónde, cuándo y de qué manera. Su misión es velar por el andamiento de la obra divina y, si es dirigido por el Señor, y no por sus deseos o por alguna recompensa, como sucedió con Balaán, él debe entregar el recado, aunque eso le cueste algún sufrimiento o aun la pérdida de la propia vida. Él debe ser dirigido siempre por el Espíritu Santo.
El profeta es siervo de Dios y, como tal, necesita estar constantemente a los pies del Creador. Su vida es una de las más preciosas a los ojos del Altísimo por ser la persona de quien todos –salvos o perdidos– escucharán el mensaje divino. Si él se envuelve en los negocios de esta vida, fallará, pues su ministerio no tendrá la repercusión que debería (2 Timoteo 2:4).
Dios opera por medio de sus profetas. Así como en el pasado, los que son llamados para esa misión tendrán la incumbencia de hacer la voluntad divina, pudiendo ser usados para reprender a los reyes, a los demás miembros del ministerio o alertar para alguna persecución o catástrofe que esté por suceder. ¡Que el Señor levante más profetas en nuestros días!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
¡Qué importancia Dios da a sus profetas! Él dice que no hará nada sin que antes revele lo que pretende a ellos. Pero, ¿por qué los profetas intentan hacer muchas cosas sin primero orar y poner el asunto para que el Señor dé la palabra final? ¿Sería por falta de fe; de información o, realmente, por desprecio? Todos los hijos de Dios aprenden a tener intimidad con el Altísimo (Salmo 25:14). Y es bueno que usted empiece pronto y, al tomar cualquier decisión, aunque sean consideradas simples, siempre converse primero con el Padre (Proverbios 14:12).
El ministerio del profeta es de suma importancia para la iglesia. Él no sólo oye de Dios y habla al pueblo, sino también, por medio de su vivir, predica la santidad o la falta de respeto a todos. Lo importante es que él sea siempre un representando de Dios. Quien no vigila lo que dice ni lo que hace es un pésimo testigo del Señor. Muchos, jamás, abrirán las Escrituras, pero, por medio de la vida de los que se santifican, serán informados acerca de ellas.
La responsabilidad del profeta es muy grande. Ella es mayor que la del médico de una comunidad, el cual tiene que celar por la salud del pueblo. El profeta arreglará cuentas de las almas de todos los que viven en sus días y que vivirán después de él. Obligatoriamente, él tiene que ser un vaso limpio, santo y lleno del aceite sagrado constantemente. Nunca debe estar desligado de Dios ni encontrarse contaminado por las cosas del mundo o por el pecado. Él fue llamado para ser el representante de los Cielos.
Su función le da el derecho de recibir los secretos del Señor, por eso, él debe estar listo con Dios para saber si lo que le fue revelado debe ser entregado, dónde, cuándo y de qué manera. Su misión es velar por el andamiento de la obra divina y, si es dirigido por el Señor, y no por sus deseos o por alguna recompensa, como sucedió con Balaán, él debe entregar el recado, aunque eso le cueste algún sufrimiento o aun la pérdida de la propia vida. Él debe ser dirigido siempre por el Espíritu Santo.
El profeta es siervo de Dios y, como tal, necesita estar constantemente a los pies del Creador. Su vida es una de las más preciosas a los ojos del Altísimo por ser la persona de quien todos –salvos o perdidos– escucharán el mensaje divino. Si él se envuelve en los negocios de esta vida, fallará, pues su ministerio no tendrá la repercusión que debería (2 Timoteo 2:4).
Dios opera por medio de sus profetas. Así como en el pasado, los que son llamados para esa misión tendrán la incumbencia de hacer la voluntad divina, pudiendo ser usados para reprender a los reyes, a los demás miembros del ministerio o alertar para alguna persecución o catástrofe que esté por suceder. ¡Que el Señor levante más profetas en nuestros días!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
