LA MUERTE PERDIÓ LA BATALLA

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2026-08-29 03:00:00

Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él.


Romanos 6:9

Las fuerzas del mal no creían que el Hijo de Dios descendería a las profundidades del Infierno para arrebatarle al diablo y a los demonios la autoridad que le habían quitado al hombre cuando este cayó en la transgresión (Génesis 3; Efesios 4:8-10). Fue una batalla de gigantes, pues todo el reino de las tinieblas se unió e hizo todo lo posible por impedir que Jesús derrotara al príncipe del mal. Sin embargo, Cristo luchó solo y los venció (Colosenses 2:13-15).

Si el Salvador no hubiera resucitado, todo lo que hizo en el Infierno habría sido en vano para el hombre. Sin embargo, Él fue Señor de principio a fin. Cuando el diablo menos lo esperaba, Cristo lo derrotó. Entonces el enemigo comprendió que nada podría ayudarlo. Los poderes infernales gritaron de terror, se arrodillaron y confesaron su derrota. Cristo es, de hecho, el Vencedor de la eternidad (Filipenses 2:5-11). ¡A Dios sea la gloria y el poder!

La posibilidad de que Jesús perdiera la batalla era nula. Sin embargo, si no hubiera resucitado al tercer día como lo había predicho, nuestra fe sería en vano, ineficaz e incapaz de dar fuerza a las personas para vencer en las batallas. Cristo resurgió victorioso y nos dio poder y virtud para levantar la cabeza y hacer que el diablo se doblegue ante nosotros en la batalla. ¡La victoria pertenece al pueblo de Dios, que jamás será derrotado (2 Corintios 2:14)!

Gracias a Su resurrección, Jesús ya no muere ni pierde ninguna batalla. ¡Nunca crea en el diablo! Cuando él afirme que no desistirá, ya está retrocediendo. Cuando diga que ha ganado, admitirá que no tiene fuerzas para luchar contra quienes temen a Dios. Somos agentes de la luz, llamados a brillar donde, hasta hoy, el enemigo gobernaba con mano de hierro. ¡Ahora, el nombre de Jesús en nuestros labios nos hace victoriosos!

La muerte, o la naturaleza del diablo, ya no puede atacarnos ni levantarse contra nosotros, porque sabe que perderá la batalla. Cristo dijo que siempre estaría con nosotros, tal como lo estuvo cuando descendió a las profundidades del Infierno y venció al maligno. El Señor está con nosotros y lo estará eternamente, siempre y cuando no lo abandonemos ni frustremos Su llamado a ser la extensión de Sus brazos en el mundo. ¡Podemos vencer el mal (Romanos 8:37)!

La muerte ya no tiene dominio sobre el Hijo de Dios ni sobre Sus discípulos, porque la obra que realizó nos da autoridad sobre el mal. Jesús descendió al Infierno como Ejemplo de lo que debemos ser y hacer. Por eso, nadie puede decir que es imposible vencer al diablo. Este ser vil tiembla al darse cuenta de que el pueblo elegido ha descubierto su lugar en Cristo. Al estar en Él, somos más que vencedores. ¡Aleluya!

El poder es nuestro y vive en nosotros desde el momento en que el Maestro nos bautizó con el Espíritu Santo. Él es el Espíritu de la Verdad. Por lo tanto, ande en plena luz, para que sus obras sean vistas: «Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz.» (S. Juan 12:36).

 

En Cristo, con amor,

 

        R. R. Soares


La Oración de Hoy

¡Señor, vencedor de la muerte! ¿Qué clase de enemigo podría derrotarnos si Te tenemos con nosotros? No podemos perder ni una sola batalla contra el príncipe de las tinieblas, pues Tu Nombre nos fortalece de tal manera que nos volvemos invencibles en Ti.

Todo es posible para nosotros; solo necesitamos creer en Tu Palabra. Por eso, nos ponemos a Tu disposición para ser enviados hasta los confines de la tierra, a fin de liberar a los oprimidos, sanar a los enfermos y hacer que todos Te amen.

La Verdad libera, sana y transforma a los necesitados en prósperos, a los adictos en heraldos de Buenas Nuevas y a los débiles en buenas personas. Padre, alabamos Tu santísimo Nombre y Te acompañaremos hasta el final de la carrera.