LA OBEDIENCIA DE ELÍAS
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2010-07-17 03:00:00
«Y él fue e hizo conforme a la palabra de Jehová; pues se fue y vivió junto al arroyo de Querit, que está frente al Jordán.» (1 Reyes 17:5)
Siervo que no obedece no es siervo. Elías recibió la misión de ir al rey y amonestarlo acerca de su conducta. Toda dirección debe ser observada, por eso, nunca murmure sobre el local, la comida que les es provista. No discuta, no critique, sino acate la misión.
Quien sirve a Dios jamás debe dejar de atender a las direcciones que le son dadas. Cuando nos cansamos de ejecutar lo que el Señor nos ordena, hacemos que sus enseñanzas cesen. En su sabiduría, nuestro Padre nos orienta al que es más productivo y, dejar de cumplir las órdenes divinas, es despreciar lo mejor que Él tiene a ofrecernos. Quien elige lo que debe hacer en la obra de Dios hace su propia voluntad y no la del Padre. La voluntad de los Cielos puede ser un desafío, algo considerado peligroso; sin embargo, al obedecer, descubrimos que era lo mejor para nuestra vida. Siempre haga lo que le fue mandado.
Acab y su esposa, Jezabel, habían instituido la hechicería en Israel. En su locura, él había matado la mayoría de los profetas del Señor. Así que, Dios eligió a Elías, uno de los moradores de Galaad, y le dio la misión de ir al rey y reprenderlo. Cada misión viene con la autoridad necesaria para ser ejecutada. Humanamente hablando, era peligrosísimo cumplir tal ordenanza. Sin embargo, Dios tiene el control de todo.
Después de haber reprendido a Acab, Elías hizo conforme a la dirección del Señor y se fue a vivir junto al arroyo de Querit. Él no tenía que discutir con el Todopoderoso ni sugerir otro lugar para vivir, pues Dios ya había entrenado a unos cuervos para recoger carne y pan y llevar diariamente a su siervo. En otro local, no habría provisión. Esté siempre donde el Señor le ha determinado. La peor cosa es estar en el lugar y en el momento equivocados.
¡Cómo sufrimos por no observar las direcciones dadas por el Señor! La sabiduría del Altísimo es para ser aceptada y no cuestionada. Él sabe el porqué nos da determinadas misiones, para donde nos lleva y lo que pone en nuestra boca. Si obedeciendo a Dios, le sea ofrecido un determinado alimento, haga uso de él. Si le dan hospedaje, acéptelo como la más digna que sus pies ya fueron puestos. Cumpliendo las orientaciones de los Cielos, usted siempre será conducido en triunfo. Nunca murmure por aquello que el Señor le dio. Los israelitas, en el desierto, no aceptaron el pan que les era dado e hirieron al corazón del Señor.
Sea grato por todo: por las personas que están a su alrededor, por el cuidado del Señor y por la misión que Él le concedió. Junto al arroyo de Querit, Elías pudo ver cómo los Cielos cuidan de los siervos de Dios. Obedecer es probar que, de hecho, creemos en el Señor.
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
Siervo que no obedece no es siervo. Elías recibió la misión de ir al rey y amonestarlo acerca de su conducta. Toda dirección debe ser observada, por eso, nunca murmure sobre el local, la comida que les es provista. No discuta, no critique, sino acate la misión.
Quien sirve a Dios jamás debe dejar de atender a las direcciones que le son dadas. Cuando nos cansamos de ejecutar lo que el Señor nos ordena, hacemos que sus enseñanzas cesen. En su sabiduría, nuestro Padre nos orienta al que es más productivo y, dejar de cumplir las órdenes divinas, es despreciar lo mejor que Él tiene a ofrecernos. Quien elige lo que debe hacer en la obra de Dios hace su propia voluntad y no la del Padre. La voluntad de los Cielos puede ser un desafío, algo considerado peligroso; sin embargo, al obedecer, descubrimos que era lo mejor para nuestra vida. Siempre haga lo que le fue mandado.
Acab y su esposa, Jezabel, habían instituido la hechicería en Israel. En su locura, él había matado la mayoría de los profetas del Señor. Así que, Dios eligió a Elías, uno de los moradores de Galaad, y le dio la misión de ir al rey y reprenderlo. Cada misión viene con la autoridad necesaria para ser ejecutada. Humanamente hablando, era peligrosísimo cumplir tal ordenanza. Sin embargo, Dios tiene el control de todo.
Después de haber reprendido a Acab, Elías hizo conforme a la dirección del Señor y se fue a vivir junto al arroyo de Querit. Él no tenía que discutir con el Todopoderoso ni sugerir otro lugar para vivir, pues Dios ya había entrenado a unos cuervos para recoger carne y pan y llevar diariamente a su siervo. En otro local, no habría provisión. Esté siempre donde el Señor le ha determinado. La peor cosa es estar en el lugar y en el momento equivocados.
¡Cómo sufrimos por no observar las direcciones dadas por el Señor! La sabiduría del Altísimo es para ser aceptada y no cuestionada. Él sabe el porqué nos da determinadas misiones, para donde nos lleva y lo que pone en nuestra boca. Si obedeciendo a Dios, le sea ofrecido un determinado alimento, haga uso de él. Si le dan hospedaje, acéptelo como la más digna que sus pies ya fueron puestos. Cumpliendo las orientaciones de los Cielos, usted siempre será conducido en triunfo. Nunca murmure por aquello que el Señor le dio. Los israelitas, en el desierto, no aceptaron el pan que les era dado e hirieron al corazón del Señor.
Sea grato por todo: por las personas que están a su alrededor, por el cuidado del Señor y por la misión que Él le concedió. Junto al arroyo de Querit, Elías pudo ver cómo los Cielos cuidan de los siervos de Dios. Obedecer es probar que, de hecho, creemos en el Señor.
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
