LA POSICIÓN DEL SIERVO

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2026-04-26 03:00:00

¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: “Pasa, siéntate a la mesa”?


San Lucas 17.7

Nos gusta identificarnos como siervos de Dios, pero ¿entendemos el significado de este título? El Señor nos envía al campo para cuidar el ganado o trabajar en la producción de alimentos. Así pues, cuando regresamos a casa, Él nos invita a sentarnos a la mesa para renovar nuestras fuerzas, y no para que le preparemos la cena. ¡El Padre celestial es totalmente diferente!

Se nos envía a la mies del Señor con el objetivo de producir alimentos, trabajando en las diversas etapas que exige este proceso, desde arar la tierra hasta prepararla para la siembra, tomando las precauciones necesarias contra las plagas y otros factores que pueden perjudicar la plantación, como la falta o el exceso de agua, la temperatura o la contaminación. Al completar el ciclo de producción del campo, cosechamos el fruto de la bondad divina y vemos el resultado.

En el campo misionero, hay otras labores relevantes para el Reino de Dios, como la de los obreros. Ellos cuidan del rebaño y son enviados para hacer de nuestra misión algo grandioso. Aunque no tengan tanta experiencia, pronto se les nota por su manera de tratar a las personas. Este grupo vela para que no ocurra ningún mal en la obra del Señor, por lo que debe ser capacitado para llevarla a cabo.

El trabajo de sembrar y cosechar empieza con la preparación del terreno, y no termina con la recolección de los alimentos, pues hay otros granos que sembrar en el momento adecuado. La Iglesia de Cristo que no cuida sus cultivos durante el año se queda sin cosecha en verano o en invierno. Hay un tiempo para todo, por lo que quien administra la finca del Creador debe estar atento a Sus instrucciones.

La obra de Dios se lleva a cabo en el campo y, tras terminarla, debemos regresar a la casa del Altísimo. Entonces, ¿qué hacer? ¡Esperar nuevas instrucciones! Quien no se entregue al Señor para que Él lo guíe continuamente, se verá sometido a tentaciones que lo convertirán en un pésimo administrador. Ver la casa llena de problemas muestra que los encargados no la han vigilado. Una puerta abierta le da al diablo la oportunidad de hacer el mal.

           El Señor aún no nos dirá: «Acérquense y siéntense a la mesa para siempre», porque nuestra misión no ha terminado. Un día, Él vendrá a buscarnos para Su Reino, cuando Su obra en la Tierra haya terminado. Al sentir que hay mucho trabajo por hacer, debemos fijarnos en el ejemplo de aquellos que vivieron con Josué, quien murió a los 110 años. Los ancianos sabían que no podían morir pronto, porque necesitaban enseñar a los novatos a cumplir lo que Dios les exigía, por lo que vivieron más tiempo (Josué 24.29-31).

Después de terminar de comer, debemos limpiar la cocina y guardar los utensilios para darle a nuestros cuerpos cansados ​​el descanso que merecen, y luego, al día siguiente, podremos retomar nuestro trabajo. En el ámbito espiritual, mientras estamos en la Tierra, no hay motivo para descansar. ¡El Señor nos ayudará en todo con alegría y sabiduría!

 

En Cristo, con amor,

 

R. R. Soares


La Oración de Hoy

¡Señor de señores! Aún queda mucho por hacer aquí, y ya hemos recibido el poder para seguir adelante. Ahora solo nos queda buscar en la Palabra Tus indicaciones y esperar Tu orden para que avancemos tal y como se nos ha revelado.

El mundo está perplejo ante tantos acontecimientos, pero aún no es el principio de los dolores. Tenemos que esperar en Ti, alabando Tu santísimo Nombre y Tu fidelidad. ¡Veremos triunfar Tu gloria!

No queremos acomodarnos, sino actuar en Tu poder. ¡Nada nos detendrá hasta que Tú vengas a arrebatarnos de este mundo dominado por la codicia, por los pecados de Sodoma y por la furia de los Herodes, que se consideran los reyes más grandes de la Historia!