LA RESPONSABILIDAD DEL LÍDER
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2026-11-06 03:00:00
Os mandé, pues, en aquel tiempo, todo lo que habíais de hacer.
Deuteronomio 1:18
En el tiempo oportuno, el Señor comenzó a despertar en nosotros lo que teníamos que hacer, desde el inicio de nuestra concepción, y hasta hoy ha sido así. Cuando llegó el momento de venir al mundo, Dios actuó tanto en nosotros como en nuestra madre, y ocurrió el increíble proceso del nacimiento. Su mirada vigiló todo lo que sucedía con nosotros. Nadie nos enseñó a succionar la leche materna, pero lo hicimos naturalmente, al igual que los demás bebés.
Todo fue creado por los toques divinos, programados para manifestarse en el momento oportuno. Ante esto, ¿por qué el hombre, ahora, necesita someterse a reglas impuestas por otros, cuando el propio Dios tiene el derecho de revelarse a Sus hijos, maduros en la fe, en el momento oportuno? Cuando una persona oye la predicación de la Palabra, tiene la sensación de haber oído aquello antes. De hecho, todo está registrado en su interior, para que no pierda el tiempo de la visitación del Señor. Sin embargo, la religión, erróneamente, dice que no es así.
Comience a leer la Biblia y a meditar en ella. En poco tiempo, usted tendrá una fe firme y poderosa, la cual le permitirá vencer sus incertidumbres y vivir mejor. El Creador se revela por medio de la Palabra: «Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (S. Juan 8:31-32).
Muchos, buscando obtener ventajas, hacen de todo para oprimirnos. Se acercan a nosotros con apariencia de amigos, pero, en realidad, quieren vender algo para obtener ganancias. El Señor, sin embargo, no exige nada de nosotros en el área material. Él pide que creamos en Su Palabra, en la cual encontramos el poder que libera, sana y transforma (2 Timoteo 3:16-17). ¡Cada vez que usted entiende algo en las Escrituras, ha obtenido un camino personalísimo para recorrer hasta el Señor!
El entendimiento que usted obtiene en la Biblia es exclusivo; nadie más puede usarlo. Tampoco intente usar el conocimiento de otro, pues cada uno fue llamado a acercarse a Jesús —cuyo Nombre es Emanuel, Dios con nosotros (S. Mateo 1:23)— con el entendimiento que le fue concedido. Su interior también se alegrará con las orientaciones de Dios, y el mejor método para ayudar a alguien es indicarle la dirección: leer la Palabra, oír su predicación y meditar en las enseñanzas del Maestro de Galilea.
Afirmado en las Escrituras, conviértase en alguien intrépido, conforme declara el Altísimo: «No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia» (Isaías 41:10). Cuando algún mal intente entrar en su vida, repréndalo, ordenándole que salga en el Nombre de Jesús. En pocos minutos, usted se verá libre.
Es bueno intercambiar ideas con quien ya camina en la fe en Cristo desde hace algún tiempo. Esa persona ya ha enfrentado y superado muchos obstáculos. Usted también puede construir su propia trayectoria, pero ¿por qué insistir en romper las mismas piedras que alguien ya quitó por el poder de la Palabra de Dios en el Nombre de Jesús? El testimonio de otro lo animará a entrar en la presencia del Todopoderoso para resolver sus problemas. Dios lo ama de verdad. ¡Aprópiese de su bendición!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
Señor de la Verdad operante! ¿Cuántas veces entendemos la Verdad, pero la dejamos de lado? Debemos apropiarnos de todo lo que ella nos revela. ¡Nada mejor que creer en Ti y vencer, usando el Nombre de Jesús, que es sobre todo nombre entre los hombres!
Tú ya nos enseñaste cómo proceder para librarnos de las tentaciones del enemigo. Así como Tú actuaste desde el principio, continuarás obrando hasta el Día del regreso de Tu Hijo. ¡Esperamos ese gran encuentro!
¡Míranos, Dios! Tú haces maravillas en nuestra vida y en la de aquellos que no Te conocían, pero pasaron a servirte. Si alguien está sufriendo los ataques del Infierno, ¡ordenamos que cesen ahora, en el Nombre de Jesús!
