LINDAS REVELACIONES

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2011-08-10 03:00:00

Nuestra alma espera a Jehová; nuestra ayuda y nuestro escudo es él. Por tanto, en él se alegrará nuestro corazón,  porque en su santo nombre hemos confiado.

Salmo 33:20,21

No hay nada más gratificante que esperar en el Señor. Él es el único que puede ayudarnos, pues, además de nunca haber mentido o hablado algo inútilmente, todas sus promesas son cumplidas. Esperar en Él es el secreto para una vida fructífera y una caminata de éxito. Eso no significa que usted tenga que cruzar los brazos y decir que, cuando Dios quiera, Él le concederá la bendición. Quien actúa de esa forma está muy mal y necesita oír la santa Palabra, para que, habiendo aprendido lo que le pertenece, asuma su posición y esfuércese a fin de que vea su sueño hecho realidad.

El Altísimo está listo para ayudarnos siempre que sea necesario. Que nadie dude de la omnipotencia de nuestro Dios, pues, de hecho, Él puede todas las cosas y, por eso, es capaz de socorrernos delante de cualquier necesidad. Si hubiera algún caso en que Él no consiguiera cumplir lo que prometió, entonces Él no sería Dios. Pero, la verdad es que nuestro Señor es completo y perfecto (Números 23:19; Deuteronomio 32:4a).

Si tenemos al Todopoderoso como nuestro escudo, podemos descansar seguros, pues ningún arma forjada contra nosotros –ninguna herramienta que el enemigo prepare– conseguirá alcanzar a aquellos que ponen al Altísimo como su Protector (Isaías 54:17). Eso significa que los siervos de Dios deben vivir sin temor, porque el infierno hasta puede producir y lanzar sobre nosotros los dardos más mortíferos, pero ellos no nos alcanzarán.

No hay razón para que vivamos amargados, ya que la Palabra de Dios es la alegría de nuestro corazón. De este modo, nosotros, que amamos la justicia del Señor, debemos cantar y regocijarnos continuamente. Al final, ¿cómo tener otro comportamiento, si vivimos dentro de la atmosfera divina y somos cercados por un muro de fuego?

Los hijos de Dios necesitan entender que, en Cristo, poseen todo. El divino poder ya nos concedió lo que nos era necesario para que tuviéramos una vida próspera y abundante. Oiga, ¡no hay –y jamás habrá– una sola persona que se haya atrevido a creer en lo que las Escrituras anuncian y haya dejado de recibir la victoria completa!

Siendo así, delante de cualquier circunstancia, confíe en el Todopoderoso, pues, independiente de la prueba, la salida está en el uso del Nombre de Jesús. Si lo hace con fe, el poder de Dios tendrá condiciones de operar en su favor. Actuar en el Nombre de Jesús es como tener al propio Señor tratando de aquel asunto. Así que, ¡sea valiente y haga valer sus derechos en Cristo!

En Cristo, con amor,

R. R. Soares

 

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