MUJER DE LAPIDOT

COMPARTILHE

2022-05-28 03:00:00

Gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer, Débora, profetisa, mujer de Lapidot. 


Jueces 4.4

Dios sabe elegir a la persona adecuada para tareas especiales, por eso hizo que Débora, cuyo significado en hebreo es Abeja, se destacara como profetisa y jueza en una época en la que las mujeres casi no tenían oportunidades. Ciertamente, recorrió el camino de la fe hasta acercarse al Altísimo, hasta convertirse en jueza del pueblo elegido. De la misma manera, hoy en día, hay personas que caminan por el camino de la justicia.

La Abeja del Señor no tuvo miedo, como debe ser quien recibe una misión. Decir que no hay forma o que no es apto para realizar tal obra es llamar mentiroso al Altísimo. Dios tiene el poder de hacernos triunfar. Cuando Él nos elige para que realicemos algo en favor de Su casa, Él sabe la razón. Como siempre, el diablo tratará de desviar nuestra atención hacia sus mentiras, y darle lugar nos fue prohibido (Efesios 4.27).

El nombre Lapidot, el esposo de la Abeja, se traduce como antorcha. Para una abeja firme en su fe en el Señor, una antorcha a su lado la haría bienaventurada  para que ejecutara su vocación. Por lo que leemos, no se dejó llevar por la tentación de considerarse incapaz para tal misión. Con firmeza, les dio a los israelitas que la buscaban la dirección de Dios según Su Palabra. ¡Él nos asiste en toda nuestra obediencia al Cielo!

Como todo lo que viene del Señor, Débora debe haber tenido un comienzo humilde y quizás sintió la resistencia de muchos que no aceptaban ver a una mujer dirigiendo la nación. Sin embargo, ¿cómo actuar ya que no había hombres que pudieran ocupar el lugar de líder? Entonces Dios encontró en una mujer lo que buscaba: la fe y el respeto a las Escrituras. En aquellos días, Jabín daba las órdenes en Israel, pero la Abeja se mantuvo firme en sus actitudes, por lo que fue levantada por el Señor ante los ojos del pueblo.

No importa cuánto haya sufrido en la vida, cuántas injusticias le hayan hecho o hayan dicho de usted. Si tiene la unción del Altísimo, Él le utilizará. Los llamados por Dios deben presentarse siempre aprobados ante Él, como declara el apóstol Pablo: Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. (2 Timoteo 2.15). ¡Dios honra a los que le honran! (1 Samuel 2.30).

La persona que cumpla la misión recibida del Señor, obedeciendo la Biblia, será objeto de Su amor. Aquellos que lo aman también serán amados en los diversos problemas que enfrenten. Los separados para el ministerio serán atendidos de manera especial, porque han dejado todo para seguir las determinaciones del Padre. Por Su parte, Él hará lo necesario para alejarlos de los planes del Infierno. Respetar al ungido del Señor trae innumerables bendiciones (2 Crónicas 20.20b).

Fue un momento de humillación, pero Débora no tuvo miedo y juzgó a Israel. Día a día, a medida que recibía las indicaciones del Señor, sabía que consagrarse a Él era más importante y que dar a las Escrituras el lugar que les correspondía en su vida la equiparía para obras mayores. Finalmente, cuando llamó a Barac, no tuvo miedo e insistió en que cumpliera la orden recibida. Nadie le quitaría de su corazón la certeza de que el Señor haría la obra que Israel necesitaba.

 

En Cristo, con amor,

 

R. R. Soares


La Oración de Hoy

¡Señor del Ministerio! Es bueno saber que Tú tienes una misión para cada uno que Te ama y Te sirve. Con esto saldremos victoriosos y Tú serás glorificado. ¡Ayúdanos a caminar según Tus instrucciones y en Tu luz!

El hecho de que hayas llamado a Débora en los días en que su marido era como un amo, que decía sí o no, nos da la seguridad de que Tú tienes mucho más para nosotros. Te rogamos que nos ayudes a no retroceder nunca, ¡sino a caminar con determinación en Tu santa ordenanza!

Que la actitud de Lapidot sea asumida por cada marido, cuya esposa ha recibido de Ti el don de hacer el bien en todas partes. No tuvo celos, ni se separó de ella cuando fue al frente de la batalla. Señor, enséñanos y guíanos con Tus buenos ojos.