NO HAY OTRO IGUAL
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2025-12-30 03:00:00
Recuerda, por tanto, de dónde has caído, arrepiéntete y haz las primeras obras, pues si no te arrepientes, pronto vendré a ti y quitaré tu candelabro de su lugar.
Apocalipsis 2.5
Cuando una persona es iluminada por la Palabra del Señor, empieza en ella el proceso de convertirse en una nueva criatura. Cristo habló del nuevo nacimiento como la condición esencial para ver el Reino de Dios: «Le respondió Jesús: —De cierto, de cierto te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios.» (S. Juan 3.3). Muchas personas van a la iglesia y no ven nada, porque necesitan convertirse al Señor y nacer de nuevo.
El Maestro dijo esto cuando habló con Nicodemo, un importante maestro judío que Lo visitó por la noche por temor a que lo vieran con alguien a quien los sacerdotes no aceptaban. Nicodemo no entendía lo que significaba nacer de nuevo y, mostrando total ignorancia, preguntó: —¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer? (S. Juan 3.4b).
Con paciencia, el Salvador le mostró a Nicodemo que no bastaba con ser descendiente de Abraham, miembro del Sanedrín y ocupar un puesto de liderazgo en la sinagoga. Si alguien no naciera de nuevo, jamás vería la Luz, es decir, no sería salvo. «Respondió Jesús: —De cierto, de cierto te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.» (S. Juan 3.5). Si Cristo regresara hoy, muchos de los que llenan las iglesias no ascenderían con Él. ¡Hay que convertirse ahora!
Todos necesitan experimentar el nuevo nacimiento, que ocurre cuando nacen de nuevo mediante la Palabra del Señor, ya sea leída o predicada. Sin una verdadera conversión, jamás entrarán en el Reino de Dios. Alguien podría preguntar: ¿Adónde irán los que no se entregan a Cristo? ¿Vagarán por el Universo? ¡No! Los impenitentes, los que no reciben a Jesús como Salvador y Señor, irán al tormento eterno. Esto es grave, pues serán enviados al fuego eterno (2 Tesalonicenses 1.8; Apocalipsis 20.14-15).
No podemos dejar de proclamar el Evangelio a todos. Si no lo hacemos, seremos responsables de la condenación de personas maravillosas, como nuestros familiares. Incluso los ladrones y asesinos necesitan oír que el Hijo de Dios pagó el precio de la salvación de la humanidad y que, si no se arrepienten, su destino eterno será el lago de fuego y azufre, del cual jamás escaparán (Ezequiel 18.21-22; Apocalipsis 21.8). Después de la muerte, ya no hay nada que se pueda hacer para sacarlos de allí.
¡Acepte esta verdad! Examínese ahora a la luz de la Palabra y decida aceptar a Jesús y servir a Dios. Hoy en día, la gente solo piensa en tener posesiones materiales, olvidando que, si no nacen de nuevo, jamás entrarán en el Reino de los Cielos. Me entristece y me preocupa pensar que, si algunos de mis familiares partieran hoy para la eternidad, no estarían con el Señor. Por lo tanto, estoy dispuesto a hablarles sobre la vida eterna en Cristo, para que crean y sean salvos.
Para eximirme de culpa por la falta de conversión de alguien, permítanme repetir lo que Jesús enseñó: «De cierto, de cierto te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.» (S. Juan 3.5). En el nombre del Señor, reconcíliese con Dios, para que un día pueda ir al Cielo.
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Dios, que quitas los candelabros! La fe bíblica es la única luz que nos ilumina y guía; sin ella, seríamos simplemente personas religiosas. Padre, queremos tener una comunión sincera Contigo, pues quien Te busca encuentra mucho más de lo que imagina.
Mira con misericordia a quienes aún no han nacido de nuevo y no están preparados para el regreso de Tu Hijo. Si no se convierten, pasarán la eternidad en el Infierno, de donde jamás podrán escapar. ¡Con lágrimas, intercedemos especialmente por nuestra familia y amigos!
Quienes aún no han aceptado a Jesús permanecen en el mismo error que Adán. ¡Estas personas necesitan un encuentro con el Salvador! Quienes son salvos, pero han caído en pecado necesitan arrepentirse para volver a su primer amor y a sus primeras obras. ¡Escucha nuestra oración, en el Nombre de Jesús!
