NOS ESCUCHÓ DIOS

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2026-09-14 03:00:00

Mas ciertamente me escuchó Dios; atendió a la voz de mi súplica.


Salmo 66:19

La venida de Jesús al mundo fue parte del plan de Dios, quien deseaba vernos libres para Su gloria y satisfacción. Para ser liberados del yugo del diablo, basta con creer en las afirmaciones bíblicas sobre nuestra posición ante el Infierno. Las Escrituras rechazan el poder maligno, diciendo: «Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.» (Romanos 8:37). Diga: ¡Amén!

El temor que nos invadió cuando el diablo se levantó para anunciar que nos destruiría ha terminado. Le infundimos terror a él y a su ejército al levantarnos en el Nombre de Jesús. Ellos saben que, en ese Nombre, las fuerzas del mal son paralizadas y derrotadas para la gloria del Cielo, que las ha despojado (Colosenses 2:15). Estamos autorizados a usar el Nombre que está por encima de todo nombre (Filipenses 2:9-11). ¡En ese Nombre hay victoria!

No debemos temer ninguna reacción del príncipe de las tinieblas. Al contrario, debemos enfrentarlo en el Nombre de Jesús. El Padre ha depositado en el santo Nombre dado a nuestro Salvador el poder para paralizar los ataques del mal. No permita que el diablo lo enferme ni que ponga en peligro su felicidad. Quien le dé este consentimiento se descalifica a sí mismo. ¡Crea en Jesús!

Alegramos al Salvador cuando usamos Su Nombre para bendecir a alguien y reprender el mal. Los 70 discípulos a quienes se les encomendó la misión de preceder a Jesús en las ciudades que Él visitaría regresaron con gozo en el rostro, informando que, en el Nombre del Maestro, incluso los demonios se sometieron (S. Lucas 10:17-20). ¡Al oír esto, Jesús se alegró!

Al escuchar de Sus 70 discípulos que incluso los demonios les obedecían, Jesús les dijo que vio a Satanás caer del Cielo. Cristo alabó al Padre, declarando: «En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó.» (S. Lucas 10:21). ¡Dios es maravilloso!

Todo cristiano debe saber que fue redimido por la muerte de Cristo para caminar con Dios. Por ello, debe ser valiente y actuar en el Nombre de Jesús, pues Él mismo habló de Su participación en nuestras vidas: «Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.» (S. Juan 14:13). Este pedir significa determinar, apropiarse de lo que le pertenece en Cristo y exigir la expulsión del mal. ¡Sea victorioso!

El salmista comprendió lo que la humanidad ganó con la venida del Hijo de Dios al mundo y escribió que Dios no solo lo escuchó, sino que también respondió a su oración. Por lo tanto, no hay razón para pedirle al Señor que nos sane, libere, o prospere y nos bendiga, porque esto ya nos ha sido concedido. Ahora, solo necesitamos tomar lo que es nuestro y hacer que la verdad de Sus palabras se manifieste. ¡Ore como un niño y crea que ya ha sido escuchado (S. Marcos 11:24)!

 

En Cristo, con amor,

 

R. R. Soares


La Oración de Hoy

¡Dios del Nuevo Pacto! El hombre no tiene que preguntar si Tú quieres sanarlo, solo creer que la Biblia es verdadera y exigir, en el Nombre de Jesús, que el mal se vaya. ¡Hemos tenido este derecho desde el día en que Jesús murió en la cruz!

¿Por qué dirías Tú que fuimos sanados por las heridas de Jesús si vamos a seguir dependiendo de los demás hasta para nuestra higiene personal? Somos todo lo que declaras sobre nosotros: sanados, salvados y perdonados para honrarte.

Creemos en Ti y ya no aceptamos nada del enemigo en nuestras vidas ni en las de quienes están bajo nuestra autoridad, como familiares y amigos a quienes guiamos a la salvación en Cristo. ¡Rechazamos rotundamente todo mal que haya en nosotros!