PAN DE CONGOJA Y AGUA DE ANGUSTIA

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2023-09-05 03:00:00

Aunque el Señor os dará pan de congoja y agua de angustia, con todo, tus maestros nunca más te serán quitados, sino que tus ojos verán a tus maestros.


Isaías 30.20

Cuando una persona no confía plenamente en Dios, ni por un momento busca Su guía en Su Palabra. Entonces, asustada, piensa que ha cometido algún pecado horrible y empieza a confesar lo que no hay. Luego, al darse cuenta de que esta actitud es inútil, deja de buscar al Señor porque, según ella, Él no ama a Sus hijos. Sufrir así demuestra que ha sido contaminada por el demonio, que se esfuerza por mentir y separar para sí a algunos de los salvos para él.

Le puedo asegurar que el pan de congoja hace mucho bien, porque está hecho por Dios con amor para librarle de las asechanzas del maligno. Con el tipo de razonamiento equivocado, usted desprecia lo que le dará la libertad que ha soñado. Nunca se desespere ante las pruebas, porque así dice la Palabra: No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser probados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la prueba la salida, para que podáis soportarla. (1 Corintios 10. 13).

El Altísimo tiene el "pan" de la diabetes, capaz de destruirla por completo; el del cáncer, que libra al enfermo de una muerte prematura, y el de otras dolencias. Además, Dios prepara el agua de angustia, que tiene un efecto positivo en las personas que no saben qué hacer, pero están dispuestas a confiar y esperar en el Todopoderoso. Ahora bien, la gente precipitada peca: ¿Has visto un hombre ligero de palabra? Pues más puede esperarse de un necio que de él. (Proverbios 29.20). ¿Cuál será su procedimiento?

El que no busca la sabiduría divina hace huir a los maestros espirituales, suscitados por Dios para guiarlos. Esto demuestra que los precipitados no sirven al Señor ni quieren examinar las Escrituras. Según ellos, Dios nunca les dice nada bueno, como dijo Acab, rey del Reino del Norte, de Micaías, siervo fiel del Señor. Sin embargo, Josafat, rey de Judá, hizo que Acab mandara a buscarlo (2 Crónicas 18.4-27). ¡Dios es justo!

Muchos de los que leen esto están igual que Acab, sintiéndose honrados al escuchar las mentiras de sus profetas. Solo hay una salida: arrepentirse y dejar de provocar al Espíritu Santo, que viene a ayudarnos a comprender la voluntad de Dios en cualquier situación que vivamos (Romanos 8.28). Lo que Dios dice merece todo el crédito, así que no se aleje de Él. Los maestros huirían de Israel con alas, yéndose muy lejos. ¡Cuidado! ¡Arrepiéntase!

Los fieles a Dios verán a sus maestros enseñándoles la Verdad. Para ello, hay que abandonar la mentira y el pecado que nos rodean tan de cerca (Hebreos 12.1-2). No hay manera de que una persona pueda darle al diablo algún derecho en su vida y el Altísimo la siga bendiciendo. La Biblia dice: El que es injusto, sea injusto todavía; el que es impuro, sea impuro todavía; el que es justo, practique la justicia todavía, y el que es santo, santifíquese más todavía. (Apocalipsis 22.11). ¡Tiene que haber un cambio!

Nunca ha habido maldad por parte de Dios, pero Él es incapaz de bendecir a aquellos que tienen pecados escondidos en sus corazones. Así que vaya al Señor ahora, confiese su error y pídale perdón. Ciertamente será victorioso en Cristo.

 

En Cristo, con amor,

 

R. R. Soares


La Oración de Hoy

¡Dios de los buenos consejos! No podemos vivir sin tenerte como Señor y a nuestro lado. El engaño no puede dominar nuestras vidas. Ahora, con el corazón entristecido por nuestras transgresiones, pedimos Tu perdón incondicional. ¡Ayúdanos!

Acab se vendió al diablo y nunca Te buscó, por eso su vida fue de derrotas. Cayó en la batalla que pensaba ganar. Pero, ¿cómo iba a ganar si no acudía a Ti con Tu pueblo en verdadero arrepentimiento? ¡Él sustentó a los profetas de Baal!

No queremos saber de ningún otro Dios, porque sólo tú eres el verdadero y fiel. Queremos aprender de Ti, para que podamos triunfar cada día. ¡Míranos y envíanos Tu ayuda! Te alabaremos como es debido. Padre, ¡queremos sinceramente ser perdonados por Ti!