SERÁN COMO NADA

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2026-10-21 03:00:00

 He aquí que todos los que se enojan contra ti serán avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los que contienden contigo.


Isaías 41:11

La promesa para la Iglesia de Cristo es mayor de lo que pensábamos. Aunque alguien se irrite contra nosotros por ser contrario a nuestra fe, eso sería suficiente para que recibiera el castigo divino, que lo reduciría a nada. En otras palabras, el Señor está atento a todo lo que hagan contra la obra llevada a cabo por Sus siervos para llevar el mensaje de la Buena Nueva a los perdidos. ¡Necesitamos ser más aguerridos!

Jamás debemos asustar a las personas. Ahora bien, si se oponen a la evangelización de quienes aún no conocen la fe en Jesús, podemos valernos de los recursos que el Señor ha puesto a nuestra disposición para anunciarles el Evangelio. Debemos orar para que abandonen la posición que les impide recibir a Jesús. El Altísimo dice: «Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra» (Salmo 2:8).

Al Señor no le falta poder para atender nuestras peticiones. Si Él nos envía a predicar las Buenas Nuevas, ciertamente no nos dejará sin ayuda si necesitamos ir un poco más lejos para cumplir la misión. No debemos permitir que Dios se frustre con personas que impiden que los perdidos oigan de nosotros el mensaje más sano y puro sobre la faz de la Tierra. Debemos hacer uso de nuestro derecho (San Marcos 11:23).

De un momento a otro, podemos abrir puertas que llevan mucho tiempo cerradas. Lo haremos conforme a la voluntad del Señor, orando y determinando que nada impida el avance del Evangelio. Si nos quedamos al margen de la fe, llorando y lamentándonos, tratando de descubrir medios para entrar en esos campos, nada sucederá. Debemos imitar a la Iglesia primitiva: «Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra» (Hechos 4:29).

Los sacerdotes del judaísmo ya no sabían qué hacer. De repente, su poder, que no procedía del Espíritu Santo, sino que era político, se vino abajo. Pedro y Juan fueron usados de tal manera que los hicieron temblar de miedo. Cuando amenazaron a los apóstoles, estos oraron para que el Nombre de Jesús obrara aún más: «Mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús» (Hechos 4:30). ¡Dios los oyó!

Los apóstoles comprendieron que el temor de los religiosos se debía a que los grandes milagros harían que todo el pueblo abriera los ojos, y eso los llevaría a la ruina (Hechos 4:15-22). Los siervos del Señor pidieron, y la respuesta no tardó en llegar, mediante una nueva obra del Padre: «Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios» (Hechos 4:31). ¡Nuestro Dios desea que lo invoquemos para obrar de manera diferente!

No tenemos que provocar a nadie, sino vivir conforme al plan divino para nuestros días. De este modo, las personas se maravillarán al contemplar lo que el Altísimo puede hacer. ¡Que Dios nos envíe personas como Pedro y Juan, Pablo y Silas, para que hagan de cada hermano en Cristo un valiente obrero de los Cielos! ¡Podemos evangelizar a nuestra generación con el poder que el Señor nos ha dado!

 

En Cristo, con amor,

 

R. R. Soares


La Oración de Hoy

¡Señor Todopoderoso! Tu Palabra dice que debemos tratar Contigo. Las barreras que las naciones imponen a Tu obra caerán por tierra, para que Tu Nombre sea conocido por todos los pueblos. ¡Queremos ver a Tu Espíritu alzar la bandera!

Tenemos acceso a Ti por medio del Nombre de Jesús. Tú nos concederás Tus bendiciones; basta con que Te las pidamos. ¡La lucha de Tus siervos será ganada mediante Tus respuestas registradas en Tu Palabra!

No podemos perder a nuestra generación por el capricho de algunas personas que se creen dueñas de las naciones. Si oramos con fe, firmes en las Escrituras, veremos las mismas cosas que presenció la Iglesia del primer siglo. ¡Tú eres nuestro Comandante!