SERÉ CONVERTIDO
COMPARTILHE
2026-03-08 03:00:00
Escuchando, he oído a Efraín que se lamentaba: “Me azotaste, y fui castigado como novillo indómito; conviérteme, y seré convertido, porque tú eres Jehová, mi Dios.
Jeremías 31.18
Una de las virtudes de un siervo de Dios es ser sensible al clamor de Su pueblo. Sin este don, no podemos ayudar a nadie, pero con él, podemos consolar a todos. En mi opinión, esta es una de las razones por las que no fuimos al Cielo tan pronto como nos convertimos. Jesús declaró: «Buena es la sal; pero si la sal se hace insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos, y vivid en paz los unos con los otros.» (S. Marcos 9.50).
El Señor no nos usaría para causar confusión en la vida de las personas, sino para mostrar Su dirección tanto a los salvos como a los perdidos. Debemos ser instrumentos de salvación, no causas de desviación o abandono de la fe en Cristo. Recuerden: habrá un tribunal ante el cual compareceremos para dar cuenta de lo que hemos hecho aquí (2 Corintios 5.10). Por lo tanto, sean siempre ayudadores y no colaboradores del destructor.
Cuando Jeremías dice: Efraín se lamentaba diciendo: "¡Me azotaste!", él se refería al Reino del Norte, cuya capital era Samaria. En aquellos días, este reino fue devastado por la invasión de Salmanasar, rey de Asiria, y aún se enfrentaría al ejército babilónico. Ahora, los reyes de Israel le habían dado oportunidades al diablo. Jehová no era su Dios, sino Baal, una deidad malvada cuya adoración implicaba sacrificios, promiscuidad y otras maldades. ¡Todos necesitan ver bien a quién sirven!
Hoy, en las iglesias evangélicas, hay personas “convertidas” que están dispuestas a servir a Dios, pero mantienen una vida de pecado e idolatría. Esto, en cierto modo, contamina a quienes fueron salvos de sus antiguas prácticas pecaminosas. El viejo yo debe ser abandonado; después de todo, quien está en Cristo es una nueva criatura, porque todas son hecha nuevas (2 Corintios 5.17). Así que, tengan cuidado de no ceder a lo que Jesús llamó levadura de los fariseos (S. Mateo 16.6). Estas personas afirmaban servir a Dios, pero en realidad no lo hacían. ¡Velen, oren y crean!
Recuerden: el arrepentimiento se da a los salvos para que se despojen del viejo ser y sean santificados en la santa Palabra. Esta obra es del Espíritu Santo, quien nos convence de tres hechos importantes: de pecado, de justicia y de juicio (S. Juan 16.8). Sin esta convicción, nadie se libera del viejo bagaje que corrompe al hombre, haciéndole perder la salvación que tanto anhela.
Jesús explicó la obra del Espíritu Santo al convencernos de pecado, justicia y juicio, diciendo: «De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.» (S. Juan 16.9-11). Caminamos hacia el Cielo, así que necesitamos abandonar el pasado y tomar nuestra cruz para seguir al Maestro hasta el final (S. Marcos 8.34).
Sea sumiso a Dios. Efraín era un novillo indómito, pero aceptó el castigo divino y pidió: «Conviérteme, y seré convertido, porque tú eres Jehová, mi Dios.». Efraín tomó esta decisión porque quería permanecer bajo el señorío de Dios. ¡Trate de andar con rectitud ante el Señor!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Dios eterno y misericordioso! ¡Qué alegría tenerte como Señor de nuestras vidas! Nos acercamos a Ti para disfrutar de Tu presencia y reafirmar que lo más importante para nosotros es andar fielmente ante Tu amor y poder. ¡Ayúdanos en esto!
Muchas veces nos apartamos de Tu Camino y elegimos qué hacer, en lugar de consultarte, impidiéndote ejercer Tu señorío sobre nosotros, lo cual es infinitamente mejor. ¡No queremos abandonarte ni dejar que otro ejerza Tu autoridad sobre nuestras vidas!
Si lo consideras necesario, disciplínanos con la debida medida. En Ti hay misericordia para hacer de este novillo indómito Tu siervo. Si realizas la obra de conversión necesaria en nosotros, seremos Tuyos para siempre. ¡Tú eres nuestro Dios!
