SUPUESTAMENTE EBRIA

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2022-08-23 03:00:00

Pero Ana oraba en silencio y solamente se movían sus labios; su voz no se oía, por lo que Elí la tuvo por ebria.


1 Samuel 1.13

Elcana, descendiente de un efrateo, tuvo dos esposas: Ana y Penina. Algunos creen que Ana fue la primera, pero como era estéril, él también se casó con Penina, con quien tuvo algunos hijos. La primera esposa se convirtió en el centro de una gran lección bíblica, la segunda la provocaba por su esterilidad. La Biblia declara que Dios no le había concedido tener hijos a Ana, pero en un impulso de fe y obediencia al toque divino, ella entró en el Templo, se derramó ante el Señor y fue escuchada. ¡Ore!

Es interesante ver que algunos personajes bíblicos nacieron en Belén, como Elimelec, marido de Noemí, cuya familia peregrinó a Moab y provocó que Rut, la moabita, se casara con el hijo de la pareja israelita, Mahlón, que murió. Según la Ley de Moisés, ningún moabita podía entrar en el templo, pero, por la gracia de Dios, Rut se convirtió en bisabuela del rey David y antepasada de Jesús (S. Mateo 1.5-6). Los planes del Altísimo están más allá de nuestra comprensión y de nuestra voluntad (Romanos 11.33).

Al orar en el tabernáculo del Señor ubicado en Silo, Ana sólo movía los labios, porque era en su corazón donde se libraba la batalla. Ella lloraba, gesticulaba y luchaba por tener la bendición de ser madre. El sacerdote Eli -probablemente porque no estaba en espíritu- al verla actuar así, pensó que estaba ebria. Desde el punto de vista bíblico, Ana estaba embriagada, al igual que los que estaban llenos del Espíritu Santo (leer Hechos 2.14 en adelante).

La batalla de Ana estaba llegando a su fin. No salían palabras de su boca, pero su cuerpo luchaba para ser transformada. El hecho de exponerse al Señor, de ser vista por el sacerdote y ser considerada ebria le hizo recibir la respuesta a su clamor. El hombre de Dios no siempre está en espíritu, pero, teniendo la unción sobre sí, puede pronunciar la bendición, y el bendecido ve cumplido en él lo que el Cielo ha preparado para su vida. ¿Quién entiende los misterios del Todopoderoso?

Para Ana, lo importante era ver a Dios actuar en ella. Su oración sin sonido, pero llena de fe y valor, llamó la atención del que era el representante divino en aquellos días en la Tierra. Los siervos del Altísimo serán siempre honrados en su obediencia a Él, por lo que todos deben estar consagrados al ministerio de la Palabra y ser conscientes de su posición en el Reino de los Cielos. El Señor lo sabía todo y fue Él quien llevó a Ana a orar de esa manera. ¡Obedezca a Su toque!

En el acto de la amada de Elcana, la humanidad sería bendecida. Del mismo modo, nuestra sumisión a Dios nos llevará a ser responsables de muchas vidas que vendrán al mundo para cumplir parte del plan eterno del Altísimo. Por lo tanto, nunca discrimine a nadie ni deje de atender a ninguna persona, ya que en el pasado algunos alojaron ángeles sin saberlo (Hebreos 13.2). Obedezca a todos los mandatos divinos. ¡Vele y ore!

Antes de que fuera vista por el sacerdote, Ana lloró mucho. En sus horas de llanto ante el altar del Señor, vemos cuánto vale la pena abrirse a Él. Ezequías recibió una sentencia de muerte del profeta Isaías, pero el rey de Judá confesó sus pecados y obtuvo la bendición (Isaías 38.3). Dios nunca abandonará un corazón contrito (Salmo 51.17). ¡Confíe en Él y sea feliz!

 

En Cristo, con amor,

 

R. R. Soares


La Oración de Hoy

¡Dios de los que Te buscan! Ana comprendió que su problema se resolvería, ante Ti y por Ti. Siguió Tu toque y entró en el santuario, derramándose hasta el punto de ser considerada ebria. ¡Sí, ella estaba ebria por Tu Espíritu y por eso fue vista y respondida!

Que nosotros también podamos tener esa dádiva: la de expresarnos en Tu augusta presencia y ser ayudados en el momento oportuno. Hoy, ante Ti, abrimos nuestra alma y nuestro corazón. ¡Ya no queremos ser una vergüenza en medio de la gente!

¡Escúchanos Padre! Hablamos de corazón a Tu corazón. Ayúdanos a obtener lo que nos corresponde: el perdón de los pecados, la cura de las heridas y los dolores, y el gozo de ser utilizados en Tu obra. Deseamos ser bendiciones. ¡Amén!