TRAVESÍA POR EL DESIERTO
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2026-11-07 03:00:00
Y salidos de Horeb, anduvimos todo aquel grande y terrible desierto que habéis visto, por el camino del monte del amorreo, como Jehová nuestro Dios nos lo mandó; y llegamos hasta Cades-barnea.
Deuteronomio 1:19
Durante tres meses, Israel caminó hasta llegar al monte Sinaí, donde permaneció por algún tiempo. Allí, Moisés recibió las tablas de la Ley y las quebró al ver que el pueblo abandonaba la moral y festejaba la fabricación de un becerro de oro, usado para representar al Señor (Éxodo 32:19). Ese momento de idolatría fue preocupante porque Dios casi los destruyó en aquel lugar. Entonces, partieron del Sinaí, también llamado monte Horeb.
Horeb significa seco, desértico. La travesía tenía como objetivo llegar a Cades-barnea, donde deberían subir a las montañas de los amorreos y empezar a tomar posesión de la tierra prometida. Sin embargo, su desobediencia encubierta hizo que Moisés le pidiera permiso al Señor para enviar espías al lugar. Esos hombres tenían la misión de verificar si la región era tal como Dios había dicho. Esa consulta al Altísimo jamás debería haberse hecho, pues sugiere que dudaron de las declaraciones divinas acerca de Canaán.
Deben de haber tardado unos 11 días en caminar desde Horeb hasta Cades-barnea. Sin embargo, como tenían malas expectativas, solicitaron el envío de espías, lo cual les fue autorizado. El resultado del reconocimiento fue desastroso: diez de los 12 integrantes del grupo trajeron malas noticias, y esto contaminó el corazón de los israelitas (Deuteronomio 1:22-33). Las personas se desesperaron y quisieron elegir a un capitán que las llevara de regreso al Faraón. ¡Simplemente querían destruir la obra del Señor!
Cuando el creyente desiste de caminar con Jesús, demuestra que ya estaba en manos del enemigo desde hacía mucho tiempo. ¿Cómo podrán ser felices las personas si están dominadas por el diablo, el padre de la mentira? (S. Juan 8:44) Debemos enseñar al pueblo a no abandonar al Altísimo, pero, si esto ocurre, que sepa volver a los brazos de Dios con arrepentimiento. El Señor no rechaza un corazón contrito (Salmo 51:17).
El viaje al Sinaí era corto, pero muy difícil al final. La travesía era ardua, ya que el desierto era grande y estaba lleno de todo aquello que impedía la felicidad de las personas. Sin embargo, las expectativas eran buenas, por eso nada las desanimó. La vida en la Tierra no siempre es ideal, pero quien no la enfrente sirviendo a Dios puede llegar incluso a pensar en acortarla. Nadie debería aceptar esa idea. El individuo que se acobarda ante la vida renuncia a ser feliz para siempre.
Israel recorrió el camino de las montañas de los amorreos sin imaginar que aquella jornada estaba llegando a su fin. Al fin y al cabo, Dios había preparado todo para que los israelitas poseyeran Canaán, comenzando por la tierra de los amorreos. La noticia se difundiría, y la promesa del Señor se cumpliría en su totalidad. Enviaron a los espías y, a causa del relato que oyeron, temieron a los adversarios, que no eran nada delante del Todopoderoso. Así, ¡vagaron durante 40 años!
Ciertamente, además de las avispas que después ahuyentaron a muchos habitantes delante de ellos, Israel tendría un gran territorio (Génesis 15:18-21; Éxodo 23.28). Una petición de los jefes de las tribus hizo que Dios permitiera que los espías fueran enviados. ¡Él sabía que las malas noticias los harían andar durante muchos años!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Padre misericordioso! Hemos sido como los israelitas del pasado, pues hemos dejado de seguirte. ¿Por qué hacemos esto, si Tú eres fiel y cumples Tus promesas? ¡Has honrado Tus palabras incluso cuando, desde el punto de vista humano, ya no se podía hacer nada más!
¿Por qué Te desagradamos y actuamos en contra de Tu voluntad? ¡Necesitamos pasar por las pruebas que se nos presentan para aprender a no decirte nunca «no» ni cuestionar Tus designios!
No tenemos por qué vivir en apuros, pues Tú nos dices que debemos aceptar Tu plan. Es imposible alejarse de Ti y ser feliz. Por desgracia, oímos hablar de personas que, por desconocer la Palabra, se han alejado de la buena tierra que estaba lista para ser ocupada.
