TRIBUTANDO AL SEÑOR

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2011-02-24 03:00:00

«Tributad a Jehová, oh hijos de los poderosos, dad a Jehová la gloria y el poder.» (Salmo 29:1)

«Tributad a Jehová» significa pagar tributos. Mire, tributos son impuestos, tasas, contribuciones para mejorías, etc. que el poder público establece para que todos os ciudadanos paguen, a fin de que así, la máquina gubernamental funcione. Hay quienes roben al gobierno algún tributo y, cuando es flagrado, tiene que arreglar tal pagamiento con multas, correcciones monetarias y hasta con la cárcel. ¡Robar de cualquiera es crimen y pecado delante del Altísimo!

Pagamos los tributos sobre la renta que obtenemos en nuestro empleo, sobre el lucro en la venta de algo y sobre la herencia que nuestros padres nos dejan. En este texto de Salmos, tributad significa una alabanza que tenemos que dar por algo que el Señor ya nos concedió. Dice el versículo que debemos tributar gloria y poder. Así, entendemos que todos podemos pedir al nuestro buen Dios esos dos dones: la gloria y el poder.

Con la gloria, somos reconocidos como siervos del Señor. Él nos engrandece, nos hace reconocidos por nuestros hermanos, amigos y hasta por los desconocidos. El Creador nos honra con ese don maravilloso. Así que, no hay nada más justo que tributar a Él la gloria. Si nos alaban por alguna virtud, por algo que hayamos hecho a favor del pueblo, de los necesitados y de la propia obra divina, debemos reconocer que fue el Señor y no nosotros, quien realizó, de hecho, la obra. Decir: «Modestia parte, soy el mejor» es algo que proviene del demonio, puesto que, sin la ayuda divina, ¡no somos nada! Quien tiene juicio tributa toda la gloria a Dios, el cual nos conduce en triunfo por donde quiera que vayamos.

Tributar al Señor el poder también es mandamiento bíblico. En las batallas contra el enemigo, en las palabras que recibimos para dar a alguien en necesidad, en cualquier obra que hayamos realizado, sólo la mano poderosa del Padre es capaz de hacer tal trabajo. ¿Por qué considerarse el mejor ahora? Tengo que admitir que hay veces en que estoy vacío y que no sé qué decir en algunas reuniones, y ni cómo proceder en la oración; así que, oro a Dios y Él me usa poderosamente. No hago nada más que dedicar a Él el éxito.

El versículo declara que los hijos de los poderosos deben hacer eso. Es una buena cosa  habernos sido alcanzados por Cristo por intermedio de una persona que se dejó ser usada por el Señor, ¡pues ella actuó poderosamente! Lo que se pasó en ella, su sumisión a Dios y su esfuerzo hicieron que fuéramos salvos. La gracia que vino sobre nosotros habitó primero en esta sierva del Señor. Orar a favor de ella siempre será un deber de lo cual no podemos abrir mano. Prepárese también para obtener esa calificación y, así, cuando sus hijos espirituales obtengan éxito, tributarán al Señor la gloria y el poder, teniendo  placer de ser llamados de hijos de los poderosos.

En Cristo, con amor,

R. R. Soares

La Oración de Hoy