VIVIREMOS CON ÉL
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2026-08-28 03:00:00
Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él.
Romanos 6:8
Este versículo declara que ya hemos muerto con Cristo, un hecho que forma parte de nuestra redención. En verdad, estábamos en Jesús cuando fue crucificado por los pecados de la humanidad (Romanos 6:6). No sabemos cómo Dios lo hizo, pues aún faltarían dos mil años para nuestra presencia en la Tierra. Gracias a Su presciencia, el Señor sabe lo que sucederá hasta el momento en que el fuego del Cielo descienda para fundir todas las cosas (2 Pedro 3:10).
Dios nos colocó en Cristo, de modo que también nosotros fuimos crucificados. Por haber recibido nuestros pecados, fue separado de Su Padre: «Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (S. Mateo 27:46). Viendo que todo estaba sobre Él, el Salvador inclinó la cabeza y expiró. Luego descendió al Infierno para vencer al rey de la maldad (Efesios 4:8-10).
Permanecíamos en Dios cuando luchó contra el diablo y las fuerzas de la oscuridad, despojándolos de la autoridad robada a Adán, con la cual nos oprimían. Al derrotar a Satanás y sus demonios, el Espíritu de Dios descendió a esa región de muerte y dio vida a Jesús, y con Él fuimos vivificados: «Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)» (Efesios 2:5). ¡Cuán hermoso es nuestro Padre!
Cristo resucitó, y nosotros también, pero Él aún se encontraba en las profundidades del Infierno. La obra estaba casi completa. Si no hubiera resucitado, nuestra fe no habría servido de nada y estaríamos en manos del enemigo: «Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.» (Hechos 2:24). Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. (1 Corintios 15:14). ¡Pero Él resucitó!
Jesús fue llevado al Cielo y se sentó en los lugares celestiales. Nosotros también fuimos con Él para que seamos sentados allí: «Y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,» (Efesios 2:6). Ahora vivimos en el Señor, como Él mismo afirmó: «Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis.» (S. Juan 14:19). ¡Nuestro Redentor es perfecto!
Hoy, nuestra posición espiritual en Cristo es de supremacía, pues vivimos para la justicia: «Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.» (1 Pedro 2:24). ¡Es imposible que un cristiano no se sienta amado por Dios después de escuchar estas verdades!
El versículo fundamental de este mensaje enseña que debemos vivir ejerciendo nuestros derechos en el Hijo de Dios, para que el Padre sea glorificado en Él. Al respecto, el Maestro declaró: «Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.» (S. Juan 14:13). Este pedir significa exigir que el mal se vaya. ¡Crea!
En Cristo, con amor,
R. R. Soares
La Oración de Hoy
¡Dios de la resurrección y de la vida! Es bueno poder llamarte Padre, creer en Jesús y vivir para cumplir Tu voluntad. Nada es más importante que obedecerte. En ello, jamás nos defraudaremos. ¡Tú nos has hecho reyes para Ti!
Este es el tiempo de reinar, de asumir nuestros derechos en Cristo y de hacer Tu obra con Tu poder y Tu sabiduría. Jamás nos frustraremos, porque nuestra fe proviene de escuchar la Palabra de Tus labios. ¡Estamos sentados en Ti para vencer!
Te damos gracias, porque nos has dado verdadera sabiduría. Con ella, cumplimos la misión como Tú quieres, y así vemos Tu Nombre aniquilar el reino de las tinieblas. ¿Quién se atreverá a enfrentarte, si tienes poder en el Cielo y en la Tierra?
